jueves, 26 de noviembre de 2015

La no relación



En cuanto tiempo no he parado por aquí no sabría decirlo. He pensado, hecho, sentido, leído,  visto, querido, me he ilusionado, he soñado.

Digamos que he estado muy ocupada viendo y sintiéndome.

Recientemente me han hecho preguntas para las cuales no encuentro respuestas sencillas; o cualquier respuesta, punto.

Tal vez sea que no me conozco tan bien como pienso, o no he analizado a profundidad mis sentimientos. ¿Añoro? No lo creo.

Me preguntan si añoro otras relaciones o a otras personas, no sabría decirlo con exactitud.

Creo que cuando amo, amo por siempre, no necesito forzosamente la presencia de las personas que amo. Mi amor es mío y así continúa.

A veces creo que es más fácil no relacionarme, resulta no sólo cómodo, sino sumamente conveniente. La "no relación" conlleva para mí enormes ventajas. No lidio más que con mis sentimientos.

Ahora, pasado el breve lapso y terminada la más reciente relación, me quedo como siempre, con dudas, incertidumbre, y  otra cicatriz.

Si bien el dolor no es mucho, ni demasiado intenso, ni constante, el pensamiento es pertinaz, y las preguntas persistentes son: ¿hice algo mal? ¿lo merezco?

Por eso precisamente, por que me gusta estar en el placer y no en el dolor, es que prefiero la no relación.

Mi entendimiento no alcanza para dilucidar cuál es el interés de estar con una persona que no me hace sonreír.

Se supone que en un mundo perfecto no debería necesitar que otra persona me hiciera sentir valiosa, hermosa, inteligente, divertida, amada.

El mundo dista mucho de ser perfecto, sin duda, pero cuando estoy sola puedo tener la certeza de que soy inteligente, guapa, valiosa, divertida, y creo que me caigo lo suficientemente bien como para pasar todas las horas del día y la noche conmigo misma.

Cuando le doy a alguien el permiso para entrar en mi vida, mi casa, mi cuerpo; es porque pienso que esa persona me puede hacer sentir más de todo.

Ese sentimiento gozoso, de regocijo y dicha dura por lo general poco tiempo, y cuando no estoy bien conmigo, el daño suele ser devastador.

Me acusan de cobarde, tal vez tengan razón pero creo que me siento más dichosa y capaz de amarme en la No Relación.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Siempre, Henry Miller







No he escrito nada sobre uno de mis autores favoritos. La verdad es que me siento incapaz de hablar de su enorme,  de su cósmica manera de escribir; pero por otro lado, creo que es importante tratar de plasmar el gran peso que sus libros han tenido en mi vida. Sé  que fui una persona antes y otra muy distinta después de leer sus cartas con Anaïs Nin, Trópico de Capricornio y luego Cáncer; esas obras contribuyeron  a transformarme en quien soy. Así de importante es Henry Miller en mi vida.

Si, empecé por  otro lado mi romance con Miller, pero creo que, como ya lo he dicho, hay libros que te encuentran cuando deben encontrarte; así me pasó con el cautivador binomio Nin- Miller.

¿Qué ocurre cunado lees a Henry Miller? En mi caso, fue algo físico, esa sensación de cuando estás tan enamorada que crees que el cuerpo no te contiene, sentir que vas a estallar, y no hablo de partes, sino del todo.

En cuanto descubrí el poder que imprime a las palabras, no pude regresar, creo que me  hizo mucho más exigente como lectora, y mucho más viva como persona. Tengo mucho que agradecer a Henry Miller, era, según lo que escribe, el ejemplo perfecto de lo que significa VIVIR y amar intensamente, gozosamente, sin ataduras ni morales, ni materiales.

Plenitud y pasión  parecen ser sus legados, conservó amigos y amantes a lo largo de su vida, pero no se dejó limitar por las obligaciones de matrimonios, paternidad o patrias, era fiel a una sola persona, a sí mismo.

Generoso con otros autores. Hizo mucho por quienes pensó que necesitaban ser conocidos por sus magníficos trabajos, su gusto era impecable. Sólo él supo defender la obra de escritores que de otro modo no habrían conseguido ser publicados. Inclusive legó a sus seguidores un libro sobre la importancia que algunos libros tuvieron en su vida; no conocería a D.H Lawrence,  a Rimbaud o a Hermann Hesse, si no fuera por él.

No se limitó a la creación literaria, exploró la pintura y permitió que sus lectores diéramos un vistazo a su vida personal, íntima; autorizó la publicación de una gran cantidad de cartas que intercambió a lo largo de su vida con amigos, amantes  y editores; en esa correspondencia también se vislumbran no sólo su genio y sino la esencia de su persona.

Cumplidos más de 80 años, casi ciego y con los achaques de las enfermedades propias de su edad, aún sostuvo un apasionado romance con una mujer de poco más de 20 años que dio lugar a un intercambio epistolar que se convirtió en su última obra.

Puedo decir sin temor a equivocarme que Henry Miller me cambió la vida, esa es la magia de la literatura, sus alcances son perpetuos,  cada vez que leo una carta o un libro suyo vuelvo a experimentar el enorme gozo, la excitación y el poder de sus palabras.

viernes, 8 de mayo de 2015

A tiempo













Hay libros que te encuentran en el momento preciso, no es común, son de esas raras ocasiones en las que sin tener expectativas, las historias se encuentran contigo en el instante perfecto para volverse inolvidables.

He tenido la fortuna de toparme con varios de esos momentos a lo largo de mi limitada historia de lectora, Mr Gwyn es uno de esos casos.

A Baricco lo descubrí hace un par de años, con "Seda". Me pareció una obra encantadora, una descripción bella, tenue, dulce y dolorosa del amor o algo que se le aproxima mucho.

No tenía ninguna idea preconcebida sobre Mr.Gwyn, lo tomé en la librería, leí el dorso y decidí que eso era lo siguiente en mi lista, la cual, cabe mencionar, ha avanzado en forma muy regular durante el presente año, en notable detrimento de mi escritura, lo que constituye un beneficio evidente.

La extraña personalidad de Jasper Gwyn me atrapó de inmediato, un escritor de éxito que ha decidido publicar una lista de las cosas que dejará de hacer, una de ellas, escribir.

Pero la obra va mucho más allá, no es sólo una historia de transformación, eso sería pueril,  inclusive vano. Lo que verdaderamente me cautivó fue la necesidad de éste hombre por tratar de mirar a las personas.

El Sr. Gwyn quiere ser retratista, pero no uno cualquiera, la traducción es más precisa y por lo tanto la palabra es más adecuada, su nuevo oficio será copista. ¿Cómo copias a un ser humano?  Un escritor, lo hace con palabras.

Nunca leemos los retratos que hizo con total dedicación y exactitud Jasper Gwyn, que para realizar su obra pone requisitos tan extraordinarios como indispensables, uno de ellos, la desnudez de sus modelos.

Saber mirar, más allá de lo que nuestro cuerpo dice de nosotros, o quizá. precisamente lo que él dice de nuestro ser, es la condición fundamental del retrato, Para el copista es como "regresar a casa". Esa casa-cuerpo que es lo que me contiene, donde habito, lo que me conduce y me vive.

¿Cuántas veces me veo desnuda? fue una de las muchas preguntas que surgieron, ¿me miro? ¿me conozco? ¿me siento? y de ahí viene otra cuestión, ¿podría hacer mi retrato?

Retornar a mi casa-cuerpo se me hizo necesario y sólo ahora que han pasado algunos días desde que terminé la lectura, me doy cuenta de que tal vez, lo que consiguió el copista, fue crear esta necesidad.

Por supuesto, subyace una historia de amor, de esas irrealizables y tristes que tanto me gustan, además de que la obra está llena de detalles seductores y atrayentes sobre las pequeñas cosas que nos rodean y a las que difícilmente prestamos atención, como la luz o el ruido, todo ello crea el ambiente propicio en el estudio del copista.

Alessandro Baricco hace guiños, sutiles, pero puntuales durante toda la trama, y nos deja un regalo justo al final.

Guardaré Mr. Gwyn en el precioso lugar de un libro que me encontró justo a tiempo,  procuraré estar más presente y más atenta a mi casa-cuerpo. Y ¿quién sabe?, a lo mejor algún día, podré intentar mi autorretrato.







miércoles, 8 de abril de 2015

Dios blanco




"White God" o "Fehér isten" su nombre en húngaro, (el título en español es tan estúpido que preferí omitirlo) no sólo es la historia de Hagen y Lili, es una obra que apela a lo fundamental, a los sentimientos más básicos de la especie humana y a aquello que nos separa de las demás especies.

La relación entre Hagen y Lili  no necesita palabras, no puede haberlas, Hagen es un perro de raza mestiza, y Lili es una adolescente que, muy a su pesar, tiene que pasar 3 meses con su padre, quien al parecer no ha formado parte de su vida y menos aún de sus afectos. 

No sabemos cuanto tiempo han estado juntos Hagen y Lili, no importa, el vínculo de amor es muy evidente, Lili prefiere dormir en el baño con su perro a pasar la noche compartiendo la habitación de su padre. 

La película nos hace preguntarnos ¿quién es el humano en esta ciudad en la que se tiene que pagar por poseer un perro callejero, y  sólo son aceptables los perros de raza pura? Las analogías saltan a la vista. 

Al verse obligado a pagar el mencionado impuesto, el padre de Lili, decide abandonar a Hagen y es aquí donde sus caminos se separan para enfrentar una serie de pérdidas, abusos, y experiencias que transformarán sus vidas, y harán que Hagen decida dejar de ser una víctima del "dios" humano, del monstruo humano, a quien creía conocer y quien, encarnado en diversos personajes, le muestra su verdadero rostro.

Lili, por otro lado, comienza a crecer, se ve obligada a relacionarse más con los humanos, con su padre, su amigo, su maestro, sus compañeros de clase. Se hace necesario socializar con un mundo de "animales humanos" que le es ajeno y que la fuerza a mentir, a aparentar para formar parte de una sociedad que se nos muestra menos auténtica que la "sociedad" a la Hagen pertenece.

¿Qué nos hace superiores a otras especies animales? ¿Qué nos distingue? ¿somos mejores? o como lo planteaba Darwin, sólo más aptos.

No podemos asegurar que las otras especies no sientan, eso es obvio, ni siquiera se puede afirmar que los demás animales no entiendan o se conmuevan con el arte; en su obra, Kornél Mundruczó nos muestra como Hagen y su sociedad se conmueven con la música de Lili.

Entonces, qué nos hace "humanos" ¿el amor? eso es más distintivo de otras especies, en todo caso, la película muestra que Hagen es capaz de sentir amor, compasión, alegría, solidaridad, lealtad, amistad, y al final odio y  sed de venganza.  Odio por aquel dios blanco que lo abandonó, persiguió, vendió, que lo encerró, le hizo pasar hambre, lo golpeó, lo forzó a matar a uno de los suyos solo por entretenimiento.

Llama la atención que  Hagen sólo empieza a provocar miedo, a parecer amenazador, y atemorizante en tanto se va asemejando a los humanos que lo han torturado, ésta situación se hace notoria en el momento en que un reportero refiere que: "los perros se comportan como un ejército". 

¿Quién es entonces la bestia y quién el humano? ¿Es que el hecho de caminar erguidos nos da tal carácter? muchas veces no me lo parece, somos la única especie que asesina a sus congéneres por motivos distintos a la propia supervivencia; lo hacemos por dinero, poder, diversión, excitación, entretenimiento, o simple maldad. 

Sólo el humano es capaz de concebir atrocidades como la guerra, la esclavitud, la aniquilación de quién es diferente. Sólo el humano busca la "pureza de raza", sólo el humano distingue entre los semejantes, sólo el humano discrimina. 

El filme no es de terror, como lo llegaron a afirmar algunos dentro de la sala. O,  pensándolo bien, lo es, terror, pero por lo que nosotros, los homo sapiens, somos capaces de hacer, lo que provoca el verdadero terror (la palabra significa miedo intenso) es que, probablemente, lo único que nos distingue de otros animales sea precisamente, la maldad. 



jueves, 5 de marzo de 2015

No creo en Dios.

Este es un tema delicado para muchos.

Hablaba con una amiga a la que aprecio y me quiere igual; me preguntó —¿crees en Dios? ¿en el cielo?—, mi respuesta indubitable y serena fue NO.

No puedo creer en un Dios como el de mi mamá, por ejemplo. No solo por la absoluta fantasía que significan para mi las "sagradas escrituras" que se explica por si misma; más bien, no puedo creer en una burocracia eclesial que vive (y muy bien) de la ignorancia a la que suelen llamar "fe".

Hay otras religiones que no conozco pero, por lo poco que sé de ellas, sólo son un cúmulo de limitantes, prohibiciones, opresión e inclusive violencia disfrazadas de supuesta "moralidad".

Nada me parece más obtuso e irracional que afirmar que las vírgenes pueden parir, o que seamos los únicos seres del universo dotados de razón, de alma o que existe un  "más allá" ¿alguien ha podido comprobar éstas y otra sarta de patrañas? Me resultan igual de fantásticas que las historias de la mitología griega, con la salvedad de que los griegos tenían la delicadeza y el buen gusto de que sus dioses fueran unos buscadores insaciables de placer, poder o conocimiento, deidades vulgares, pasionales, en resumen, muy humanas.

Los budistas por lo que conozco son más compatibles con mi manera de pensar, lo único malo que puedes hacer es  dañarte a ti mismo, tiene sentido y me parece más sensato que eso de rezar 10 padresnuestros para que te absuelvan tus pecados.

Ahora bien, entiendo que la religión católica no es lo mismo que la iglesia católica, he pertenecido a ambas y por eso es de la única que puedo hablar con una cierta dosis de conocimiento.

Mi "falta de fe" siempre ha estado presente, confieso que en algún momento de mi vida
pertenecí a un grupo eclesiástico de jóvenes, conocí personas que siguen formando parte de mis amistades y a quienes aprecio en verdad, sin embargo, nunca pude comprender lo que ellos llamaban fe.

Cuando era niña y me tenía que confesar, usualmente inventaba algo, porque no creía que nada de lo que hubiera hecho fuese tan grave como para considerarse "pecado", así que solía decirle al padre que "me había portado mal" (lo que sea que eso signifique) y me mandaba a rezar 10 padresnuestros y 10 avesmarías. Ahora que lo pienso, pude haber puesto a prueba la severidad de los castigos diciendo que masturbaba, o inventando que le robaba a mi mamá, pero como no se me ocurría desafiar la autoridad, simplemente seguía la corriente y salía complacida de haber cumplido con el requisito para que me dieran la comunión, de preferencia con vino.

Cuando tuve más edad, aprecié otro aspecto de la religión, pero sobre todo de la fe católica; conocí excelentes personas, amables, bondadosas, genuinas, que intentaban vivir lo que predicaban, buenos humanos. Eso, en momentos de soledad hace que te sientas parte de algo, apreciada por quién eres y no por como te ves, y para mí fue muy útil en una etapa de mi vida, pero siempre estaba ese sentimiento de duda. Aún no puedo entender cómo es posible que personas verdaderamente preparadas, científicos, intelectuales o filósofos, pudiesen creer esas inverosímiles historias y  que fundamenten en ellas de su modo de vida. Tal vez, muchos de ellos se auto engañan para perpetuar un sistema que les favorece, social y económicamente. 

Entendía y entiendo la razón por la que algunos eligen la vida religiosa, en algún momento incluso lo consideré como alternativa, porque, seamos honestos; nada es más sencillo que recluirse y seguir una serie de normas. Aniquilas cualquier duda, cualquier necesidad de tomar una decisión y asumir las consecuencias de la misma, estás a salvo del desamor o la soledad y no menos importante, te van a mantener el resto de tus días, estarás becado, podrás viajar, ( bueno eso si eres hombre, las monjas no la pasan igual de bien. Siempre el género masculino al mando, qué raro.)  más cómodo, imposible. Tiene su atractivo ese mundillo religioso, de otro modo no sería tan lucrativo.

Pero a mi mente no le gusta auto engañarse; trato de ser honesta conmigo misma, y  no hay forma de convencerme que existe otro modo de trascender que no sea mediante el amor que dejo en quienes conozco y me conocen. Así, espero que algún día mis amores me recuerden y mantengan viva mi memoria. 

Para mi, eso es la eternidad; más simple sin duda, que los purgatorios, infiernos o cielos que nos promete la religión católica; pero más plausible y probablemente, más esperanzadora.

viernes, 20 de febrero de 2015

¿Hay presentimientos?


No sé si exista un lugar recóndito en el cerebro o alguna neurona que haga sinapsis en un momento previo a que algo, usualmente malo, suceda.

Hay días en los cuales una parte extraña de mi mente asume, presiente o decide que algo malo me va a ocurrir. No soy una persona particularmente perceptiva, por ello mi sorpresa ante estos esporádicos momentos de iluminación, que casi siempre conllevan un resultado adverso.

El hecho de ser una pésima conductora se añade a mis premoniciones catastróficas. El más reciente de mis accidentes sucedió el martes pasado.

Previo al choque, había tenido un día estupendo. Me levanté antes del amanecer, fui a hacer ejercicio, llegué temprano a la oficina. Al salir, fui al cine con un amigo y antes de que llegara entablé una amena conversación con el barista, mientras degustaba un café estupendo.

Mi amigo y yo cenamos, vimos una película (regular, sin ser mala; competente podría ser el adjetivo adecuado) y al salir complacidos, más por el portento físico de la protagonista, que por la película en sí; percibí ese sentimiento que me había estado persiguiendo insistentemente los últimos días. 

Trataré de describir la sensación física que me produce: es como sentir ausencia de algo en el estómago, pero no es hambre, llega de pronto,  es latente, permanece, yace quieta, como si quisiera pasar inadvertida, oculta. Luego, en el momento que mi cerebro la detecta, llegan los pensamientos (No he ido a renovar la licencia, ¿y si choco?, No, acabo de chocar, bueno traigo mi coche, no he sacado la verificación, etc.) Así siguen, como fichas de dominó, una preocupación sucede a la otra, las trato de acallar y distraer, usualmente sin éxito.

La sensación no me deja. La semana pasada pensé que perdería el teléfono y así sucedió, lo que me hace pensar, no sin angustia, que en algún lugar de mi mente estoy decidiendo que me siento muy bien y algo malo tiene que suceder; porque no suelo estar tan bien durante mucho tiempo. Como si alguna neurona o el hipotálamo, decidiera que no "puedo o debo" estar tranquila, o contenta, o simplemente en paz.

El sentimiento no se ha ido.  Aquí está, agazapado, respira en algún recoveco.

Eso es lo que me lleva a preguntarme ¿existen los presentimientos? ¿o mi mente está trabajando sin permiso de mi voluntad? ¿o mis deseos son contrarios a mi bienestar? ¿o actúo para dañarme a mi misma? Probablemente es sólo que mi subconsciente se hace presente para sabotearme. 


Escribir me ayuda a entenderme, espero que la sensación cese pronto, creo que estoy buscando la puerta de la angustia para ver si consigo dominarla.

Pude percibir todo mi miedo al detener súbitamente el auto frente a una camioneta: mi pulso acelerado, el frío, el corazón a punto de salirse del pecho, la respiración entrecortada y como siempre, ni una sola lágrima.


miércoles, 11 de febrero de 2015

Más Sontags menos Kardashians




Hace unos días me reencontré con una gran escritora. 

Si bien, no creo que la única novela que he leído escrita por Susan Sontag me haya tocado profundamente, si admito que la complejidad y profundidad de su pensamiento, su precisión, su enorme conocimiento, su pasión y rigor literario como ensayista me cautivan y me asombran cada vez que estoy frente a sus textos.

Ahora bien, mi percepción sobre Sontag era la de la mujer (anciana) que escribió el más inteligente ensayo sobre el 11 de Septiembre, mismo que fue publicado en The New Yorker el 24 de septiembre de 2001 y cuyo enlace adjunto para que comprueben mi aseveración. (http://www.newyorker.com/magazine/2001/09/24/1256341)

Posteriormente y al enterarme de su muerte adquirí varios libros escritos por ella, pero sólo leí su última novela "In America" que como señalé, sin ser mala, no me cautivó particularmente y me alejé de su obra. 

Recientemente y por casualidad pude ver un documental "Regarding Susan Sontag" de Nancy D. Kates; en el cual, familiares, amigos y parejas nos obsequian un retrato de quién fue la mujer llamada Susan Sontag.

Me sorprendieron varias cosas, en primer lugar, saber que fue una celebridad, una figura mediática de enorme trascendencia en la cultura estadounidense, trabó amistades con las personalidades más famosas  y poderosas de su tiempo. 

Era, a pesar de ella misma, referente femenino de la Norteamérica culta o por lo menos educada. Fue no sólo escritora, sino cineasta (creo que sin mucha fortuna) y una entusiasta del arte en general y de la fotografía en particular; pero su principal amor estaba en las letras.

Solía decir, si mal no recuerdo, que ella tenía la percepción o la idea de que un escritor era una persona que se apasionaba por todo, la política, el arte, el cine, la fotografía, etc. En este sentido condujo su obra y por medio de la escritura contribuyó a construir el pensamiento de la generación de nuestros padres o abuelos, quienes probablemente ignoraban su existencia.

No me causó mayor asombro saber que era no sé si lesbiana o bisexual o lo qué sea, pero si (no sé porqué) darme cuenta que fue ante todo una mujer gozosa, que buscaba con enorme tenacidad el placer, uno de esos placeres, por fortuna, era escribir.

Alejada de la modestia e implacable en su crítica a su país, era considerada como una voz disonante e incomoda para el americano promedio; sobre la guerra de Vietnam llegó a afirmar que "La raza blanca es el cáncer de la historia humana; es sólo la raza blanca (sus ideologías y sus invenciones) la que erradica a las civilizaciones autónomas allá donde se extiende, la que estropea el equilibrio ecológico del planeta y la que ahora amenaza a la propia existencia de la vida.” 

Afirmaciones de esa índole sólo podían ser expresadas por un espíritu valiente, arrojado, a quién poco le importa lo que la "sociedad" tuviera qué decir sobre su persona o su pensamiento. Su enorme gozo por la vida se vio amenazado y trastocado por la enfermedad, pero su alma indómita no cedió; salió victoriosa dos veces y a la tercera embestida del cáncer, sucumbió.

Creo que en esta cultura, ultra conectada, tecnológica, pero no humanamente se hace más necesario regresar a la palabra, a la esencia de lo que nos hace humanos, volvernos más críticos, recurrir a la razón, preocuparnos más por cómo pensamos que por como nos vemos, como lo afirmaba Sontag. 

Ojalá que el gozo por la vida, las ideas, la elocuencia, el conocimiento y la pasión de Susan Sontag por las letras y por las artes fueran tan socorridos como la necesidad de comentar el último desnudo de Kim Kardashian; pero sé que mis deseos se quedarán sólo en eso, porque lamentablemente nuestra sociedad se ha vuelto más superflua, vana y frívola.

Entre tanto, buscaré y devoraré su obra a ver si algo de esa profundidad y honestidad se queda en esta reciente conversa de la generación X que busca aportar algo, por mínimo que sea a este inculto e ignorante universo del que busco alejarme. 









miércoles, 4 de febrero de 2015

Whiplash




Siempre me gustaron las películas musicales; hubo un tiempo en que solía ser sumamente indulgente al respecto, mientras bailaran y cantaran medianamente bien, me parecían buenas películas. 

Eventualmente mi criterio fue construyéndose de modo tal, que en la actualidad no puedo tolerar malos musicales, algunos inclusive me producen un enorme enojo que a veces quisiera expresar de forma física, como me sucedió con "Nine" (insufrible, nunca terminé de verla).

Ahora bien, cuando la película se hace con rigor, con un discurso dramático y una puesta en cámara tan precisa como en "Whiplash", la sensación que me produce es de una enorme emoción que me resulta muy difícil expresar con palabras. 

Las primeras escenas son muy claras; Andrew y su batería, esa será la constante. La música y el ritmo son lo único trascendente para él y para su tirano profesor/director/mentor Fletcher. 

Es fácil ser empático con Andrew, es un buen chico, abandonado por su madre y cariñoso con su padre; determinado sin duda y dulce, por lo menos en un principio.

Esa determinación y la pasión de Andrew, son el motor, vehículo y camino para conseguir lo que para él es el más grande anhelo, ser una leyenda de la batería en la música jazz. 

¿Alguien sabe algo de jazz? Yo sólo las pocas reminiscencias que existen en la música de Sting, y por supuesto conozco a Branford Marsellis; esto me hace suponer que el público que ha visto Whiplash es igual de neófito o ignorante que yo en el tema, por lo que no se siente ofendido por el poco conocimiento de Damien Chazelle en tan elevado género. (como leí en alguna crítica de un purista del jazz.)

La música es, en efecto, casi otro personaje, pero lo importante es la relación entre Andrew y Fletcher, ese maestro que jamás se sentirá satisfecho, porque las palabras más dañinas del idioma inglés son "good job". 

Nada de lo que haga Andrew será ni siquiera aceptable, es un privilegio sólo poder tocar en la orquesta del omnipotente Fletcher; y por eso son la pareja perfecta. Andrew sabe que sólo alguien como Fletcher podrá ayudarlo a ser el gran baterista que está destinado a ser; porque para Andrew no hay plan B. 

Así, queda claro que nada es más significativo que la aprobación de su maestro, no lo es la de su padre, mucho menos la de Nicole, la insignificante e insulsa novia, que no es más que una distracción para que él consiga un objetivo mucho mayor: convertirse en un gran músico, aunque esto sólo sea reconocido por un reducidísimo universo de amantes del jazz. 

Andrew es ambicioso, ansía el reconocimiento y a medida que avanza la relación con Fletcher, éste se va asemejando más a su violento profesor. Iracundo, soberbio, cruel inclusive. En esta nueva faceta Andrew desarrolla  emociones más complejas que utilizará para conseguir sus objetivos. 

Chazelle logra que todo funcione a favor de la película, el montaje está marcado por la melodía, y el ritmo de la obra es como el de una canción,

El final, por supuesto, es la cúspide de lo que fue la historia y sin saber qué pasará después, el espectador se queda con lo único que importa, lo que ha importado siempre: la música y lo que la melodía y el ritmo le hacen sentir, así de efímera y así de poderosa.

Si aman la música y no son puristas del jazz, Whiplash los hará sentir, de eso se trata.

martes, 20 de enero de 2015

Otro descubrimento

Recientemente terminé de leer "Siete pecados capitales" de Milorad Pavić. Hace mucho que un libro no me provocaba ese sentimiento, para el que no encuentro palabras.

Me pasa con pocos autores, Miller, Anaïs, Cortázar, y ahora Pavić. pero ¿qué es lo que siento? Es algo orgánico, eso es parte de lo que me impresiona, es una sensación en el centro del pecho, un tanto similar a cuando te enamoras y estás con la persona a la que amas, pero es menos intenso, algo más pacifico. Lo que permanece, sin embargo es el sentimiento de comprensión, qué no hacen falta las palabras, lo único que necesitas es estar y con eso basta.

La comunicación en este caso va sin intermediarios, el escritor rompe el límite de la letra, de la página y del idioma para verte a los ojos y dirigirse directamente a ti lector.

Un espejo es el común denominador de estos siete relatos de los que formas parte porque te vuelves sueño, interlocutor, personaje y el autor comparte tu trayecto y tu suerte.

Quienes no estén dispuestos a jugar y seguir ese laberinto de fantasía que logra construir Pavić, favor de abstenerse, no le sirven ni al autor, ni a los lectores más aventureros.

Me abro a nuevas letras y nuevas formas, a imaginaciones construidas en calles cuyos nombres me resultan difíciles de pronunciar pero son exquisitas para imaginar, así es la arquitectura y el diseño de esta obra que se nos regala como un juego o inclusive, ¿por qué no? como una carta de amor.

Es, sin duda alguna, un deleite.





lunes, 12 de enero de 2015

Boyhood

Me gustan las películas de Richard Linklater. Ya sé que muchos expertos y eruditos del cine, incluidos algunos maestros y mi sesnsei;  se extrañarían y me mirarían condescendientes pensando que tal vez mi intelecto es muy limitado y por eso me cautivan  cintas que para su gusto son demasiado comerciales (lo que sea que eso signifique) o que Linklater no cuenta con un cuerpo de obra digno de llamarlo "autor".

Por una parte, les concedo el hecho de que cualquiera puede perder credibilidad después de hacer una película como "School of rock" (Aunque, seamos honestos,  nos habría hecho muy felices tener un maestro de música como Jack Black).

No seamos lapidarios, hay ejemplos peores, a Woody Allen nadie le recuerda "To Rome with Love" y eso,  por no dejar fuera a la horrenda Vicky Cristina; pero después de eso vino la redención de "Blue Jasmine". Es decir, nadie infalible. (Sobra mencionar que no incluyo deidades en la comparación, por eso recurrí a Allen)

Confieso que no conozco la filmografía completa de Linklater, pero soy una de las miles, o millones de personas que se enamoraron de la trilogía sobre Celine y Jesse; también disfruté el uso poco convencional de la animación  de "Waking Life", y su historia totalmente onírica, que solo pudo hacerse de ese modo; me gustó "A Scanner Darkly"; de estupendo elenco y más original que muchas super producciones de millones de dolares. "Me and Orson Welles" fue bastante desafortunada, pero como ya dije, nadie es perfecto,

Ahora bien, yendo a lo que me ocupa en esta entrada; alguien me preguntó recientemente porque me había gustado Boyhood. Admito que me tomo unos segundos articular una respuesta coherente para explicar el sentimiento que me provocó el filme, Usualmente la gente dice que "no entendió" la película, yo creo que el cine, como el arte que es (o debería ser) no se entiende, se siente.

Para explicarme mejor; si al salir de una película no tengo palabras para expresar el sentimiento que despertó, el objetivo se ha cumplido. En ese momento ya no importa la intención del director, lo verdaderamente trascendente es lo que experimento como espectador, es en ese instante en el que sé que estoy ante algo sobre lo que vale la pena reflexionar, analizar y a veces escribir.

¿Qué contesté sobre Boyhood? Lo que sentí, nada más, es una película sobre la vida, sobre crecer, sobre ser padres y ser hijos, sobre ver el mundo, lo cotidiano, los cambios y las tragedias, sin mayor aspaviento, sin dramatismo, como es la vida.

De cómo envejecemos y cómo cambia nuestra forma de ver el mundo, de música y sueños inconclusos, de recuerdos, de cómo nos podemos convertir en lo que no queríamos cuando éramos más jóvenes.

Todo esto lo logra retratar Linklater sin ningún efecto especial, maquillaje, disertación filosófica o imágenes creadas por computadora, sólo con la ayuda del paso de los años, el trabajo de un elenco muy competente  y un guión íntegro, que no busca complacer, salvo, tal vez, por un detalle de superación personal e inclusión que no voy a mencionar, para no dignificarlo.

No hay un sólo letrero que nos señale el paso del tiempo, sólo basta ver las caras de Mason y Samantha, o cómo se va perdiendo el encanto de Ethan Hawke, y cómo cambia el cuerpo de Patricia Arquette.  Eso es lo que nos hace el tiempo y eso es la vida; cambiamos, engordamos, nos arrugamos y lo único que subsiste y que amalgama nuestra existencia es el amor,

Pero ese amor no se da en la estridencia, curislería, o dramatismo al que Hollywood nos quiere reducir. La vida es mucho más compleja y menos glamorosa, y ese es el mayor acierto en Boyhood; que todo lo que acontece a Mason es eso, nada más, el proceso de crecer y la vida misma.

lunes, 5 de enero de 2015

Personas mágicas

Después de una prolongada ausencia rodeada de una inaudita cantidad de amor y amores, decido retomar la actividad bloggera (asumo que la palabra existe en el diccionario de la RAE) con más ahínco que el año anterior.

En esto de los propósitos, metas, y resoluciones de año nuevo, me caracteriza la inconsecuencia e indisciplina, pero sólo llevamos cuatro días de este año; lo cual significa que aún está presente el entusiasmo y por lo tanto aquí va mi primera entrada del 2015.

Personas mágicas. Suena cursi, lo admito, aunque a nadie se le ocurrió catalogar a Cortázar de cursi por así referirse a la Maga. Es evidente que no pretendo ni sueño hacer comparaciones; mi mención de la Maga, es sólo para hacer hincapié en el hecho de que soy incapaz de encontrar un calificativo más preciso o adecuado para referirme a esos individuos que por razones ajenas a mi conocimiento y comprensión tienen la facultad de tocarme el alma. 

Magia es, según el diccionario; el "arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales. O, el  encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo."

Una vez citado el significado, creo que se aprecia con más precisión la cualidad que adjudico a algunos seres con quién he tenido la fortuna de coincidir.

Ahora bien, la circunstancia o característica a que me refiero, no hace distinción de género o edad; situación que me asombra aún más, porque si bien puede resultar natural que me conmueva el espíritu personas cercanas a mi edad, entorno social o cultural; la realidad es que, el hecho de encontrar a estas alamas afines, es usualmente inesperado y no necesariamente cumple con las reglas de la lógica. 

Dentro de estas personas mágicas puedo contar desde bebés, niñas de 11 años, ( por lo menos esa edad tenía cuando la conocí) hasta hombres de 65; la única constante de estos seres es la diversidad de entornos, de educaciones y de contextos en los que se suscitaron nuestros encuentros.

La importancia que cobra cada uno de ellos es distinta de acuerdo a la profundidad de la relación; y no necesariamente a la duración de la misma.

Algunos, de ser maestros, han pasado a ser amigos, sin que por eso cambie su esencia de educadores, pero a un nivel más íntimo. Otros han pasado de ser pequeños individuos de la especie humana, que aún no conocían las palabras, a compañeros de travesuras y risas, posteriormente a alumnos entusiastas de cualquier cosa que yo pudiera aportar a sus conocimientos, y finalmente a maestros de vida. Y otros más, han cruzado los límites, han trascendido a amantes, amigos y luego se han convertido en hermosos recuerdos de un pasado que, si bien es cautivador, poético, casi cinematográfico; cada vez me parece más lejano y ajeno de quién soy hoy. 

A todas esas personas mágicas con quienes me he topado y me han acompañado en trayectos, a veces muy breves de mi vida, sólo puedo agradecerles su existencia y pedirles que conserven y compartan esa magia que los hizo trascender en mi.