jueves, 5 de marzo de 2015

No creo en Dios.

Este es un tema delicado para muchos.

Hablaba con una amiga a la que aprecio y me quiere igual; me preguntó —¿crees en Dios? ¿en el cielo?—, mi respuesta indubitable y serena fue NO.

No puedo creer en un Dios como el de mi mamá, por ejemplo. No solo por la absoluta fantasía que significan para mi las "sagradas escrituras" que se explica por si misma; más bien, no puedo creer en una burocracia eclesial que vive (y muy bien) de la ignorancia a la que suelen llamar "fe".

Hay otras religiones que no conozco pero, por lo poco que sé de ellas, sólo son un cúmulo de limitantes, prohibiciones, opresión e inclusive violencia disfrazadas de supuesta "moralidad".

Nada me parece más obtuso e irracional que afirmar que las vírgenes pueden parir, o que seamos los únicos seres del universo dotados de razón, de alma o que existe un  "más allá" ¿alguien ha podido comprobar éstas y otra sarta de patrañas? Me resultan igual de fantásticas que las historias de la mitología griega, con la salvedad de que los griegos tenían la delicadeza y el buen gusto de que sus dioses fueran unos buscadores insaciables de placer, poder o conocimiento, deidades vulgares, pasionales, en resumen, muy humanas.

Los budistas por lo que conozco son más compatibles con mi manera de pensar, lo único malo que puedes hacer es  dañarte a ti mismo, tiene sentido y me parece más sensato que eso de rezar 10 padresnuestros para que te absuelvan tus pecados.

Ahora bien, entiendo que la religión católica no es lo mismo que la iglesia católica, he pertenecido a ambas y por eso es de la única que puedo hablar con una cierta dosis de conocimiento.

Mi "falta de fe" siempre ha estado presente, confieso que en algún momento de mi vida
pertenecí a un grupo eclesiástico de jóvenes, conocí personas que siguen formando parte de mis amistades y a quienes aprecio en verdad, sin embargo, nunca pude comprender lo que ellos llamaban fe.

Cuando era niña y me tenía que confesar, usualmente inventaba algo, porque no creía que nada de lo que hubiera hecho fuese tan grave como para considerarse "pecado", así que solía decirle al padre que "me había portado mal" (lo que sea que eso signifique) y me mandaba a rezar 10 padresnuestros y 10 avesmarías. Ahora que lo pienso, pude haber puesto a prueba la severidad de los castigos diciendo que masturbaba, o inventando que le robaba a mi mamá, pero como no se me ocurría desafiar la autoridad, simplemente seguía la corriente y salía complacida de haber cumplido con el requisito para que me dieran la comunión, de preferencia con vino.

Cuando tuve más edad, aprecié otro aspecto de la religión, pero sobre todo de la fe católica; conocí excelentes personas, amables, bondadosas, genuinas, que intentaban vivir lo que predicaban, buenos humanos. Eso, en momentos de soledad hace que te sientas parte de algo, apreciada por quién eres y no por como te ves, y para mí fue muy útil en una etapa de mi vida, pero siempre estaba ese sentimiento de duda. Aún no puedo entender cómo es posible que personas verdaderamente preparadas, científicos, intelectuales o filósofos, pudiesen creer esas inverosímiles historias y  que fundamenten en ellas de su modo de vida. Tal vez, muchos de ellos se auto engañan para perpetuar un sistema que les favorece, social y económicamente. 

Entendía y entiendo la razón por la que algunos eligen la vida religiosa, en algún momento incluso lo consideré como alternativa, porque, seamos honestos; nada es más sencillo que recluirse y seguir una serie de normas. Aniquilas cualquier duda, cualquier necesidad de tomar una decisión y asumir las consecuencias de la misma, estás a salvo del desamor o la soledad y no menos importante, te van a mantener el resto de tus días, estarás becado, podrás viajar, ( bueno eso si eres hombre, las monjas no la pasan igual de bien. Siempre el género masculino al mando, qué raro.)  más cómodo, imposible. Tiene su atractivo ese mundillo religioso, de otro modo no sería tan lucrativo.

Pero a mi mente no le gusta auto engañarse; trato de ser honesta conmigo misma, y  no hay forma de convencerme que existe otro modo de trascender que no sea mediante el amor que dejo en quienes conozco y me conocen. Así, espero que algún día mis amores me recuerden y mantengan viva mi memoria. 

Para mi, eso es la eternidad; más simple sin duda, que los purgatorios, infiernos o cielos que nos promete la religión católica; pero más plausible y probablemente, más esperanzadora.

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