Me gustan las películas de Richard Linklater. Ya sé que muchos expertos y eruditos del cine, incluidos algunos maestros y mi sesnsei; se extrañarían y me mirarían condescendientes pensando que tal vez mi intelecto es muy limitado y por eso me cautivan cintas que para su gusto son demasiado comerciales (lo que sea que eso signifique) o que Linklater no cuenta con un cuerpo de obra digno de llamarlo "autor".
Por una parte, les concedo el hecho de que cualquiera puede perder credibilidad después de hacer una película como "School of rock" (Aunque, seamos honestos, nos habría hecho muy felices tener un maestro de música como Jack Black).
No seamos lapidarios, hay ejemplos peores, a Woody Allen nadie le recuerda "To Rome with Love" y eso, por no dejar fuera a la horrenda Vicky Cristina; pero después de eso vino la redención de "Blue Jasmine". Es decir, nadie infalible. (Sobra mencionar que no incluyo deidades en la comparación, por eso recurrí a Allen)
Confieso que no conozco la filmografía completa de Linklater, pero soy una de las miles, o millones de personas que se enamoraron de la trilogía sobre Celine y Jesse; también disfruté el uso poco convencional de la animación de "Waking Life", y su historia totalmente onírica, que solo pudo hacerse de ese modo; me gustó "A Scanner Darkly"; de estupendo elenco y más original que muchas super producciones de millones de dolares. "Me and Orson Welles" fue bastante desafortunada, pero como ya dije, nadie es perfecto,
Ahora bien, yendo a lo que me ocupa en esta entrada; alguien me preguntó recientemente porque me había gustado Boyhood. Admito que me tomo unos segundos articular una respuesta coherente para explicar el sentimiento que me provocó el filme, Usualmente la gente dice que "no entendió" la película, yo creo que el cine, como el arte que es (o debería ser) no se entiende, se siente.
Para explicarme mejor; si al salir de una película no tengo palabras para expresar el sentimiento que despertó, el objetivo se ha cumplido. En ese momento ya no importa la intención del director, lo verdaderamente trascendente es lo que experimento como espectador, es en ese instante en el que sé que estoy ante algo sobre lo que vale la pena reflexionar, analizar y a veces escribir.
¿Qué contesté sobre Boyhood? Lo que sentí, nada más, es una película sobre la vida, sobre crecer, sobre ser padres y ser hijos, sobre ver el mundo, lo cotidiano, los cambios y las tragedias, sin mayor aspaviento, sin dramatismo, como es la vida.
De cómo envejecemos y cómo cambia nuestra forma de ver el mundo, de música y sueños inconclusos, de recuerdos, de cómo nos podemos convertir en lo que no queríamos cuando éramos más jóvenes.
Todo esto lo logra retratar Linklater sin ningún efecto especial, maquillaje, disertación filosófica o imágenes creadas por computadora, sólo con la ayuda del paso de los años, el trabajo de un elenco muy competente y un guión íntegro, que no busca complacer, salvo, tal vez, por un detalle de superación personal e inclusión que no voy a mencionar, para no dignificarlo.
No hay un sólo letrero que nos señale el paso del tiempo, sólo basta ver las caras de Mason y Samantha, o cómo se va perdiendo el encanto de Ethan Hawke, y cómo cambia el cuerpo de Patricia Arquette. Eso es lo que nos hace el tiempo y eso es la vida; cambiamos, engordamos, nos arrugamos y lo único que subsiste y que amalgama nuestra existencia es el amor,
Pero ese amor no se da en la estridencia, curislería, o dramatismo al que Hollywood nos quiere reducir. La vida es mucho más compleja y menos glamorosa, y ese es el mayor acierto en Boyhood; que todo lo que acontece a Mason es eso, nada más, el proceso de crecer y la vida misma.
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