martes, 20 de enero de 2015

Otro descubrimento

Recientemente terminé de leer "Siete pecados capitales" de Milorad Pavić. Hace mucho que un libro no me provocaba ese sentimiento, para el que no encuentro palabras.

Me pasa con pocos autores, Miller, Anaïs, Cortázar, y ahora Pavić. pero ¿qué es lo que siento? Es algo orgánico, eso es parte de lo que me impresiona, es una sensación en el centro del pecho, un tanto similar a cuando te enamoras y estás con la persona a la que amas, pero es menos intenso, algo más pacifico. Lo que permanece, sin embargo es el sentimiento de comprensión, qué no hacen falta las palabras, lo único que necesitas es estar y con eso basta.

La comunicación en este caso va sin intermediarios, el escritor rompe el límite de la letra, de la página y del idioma para verte a los ojos y dirigirse directamente a ti lector.

Un espejo es el común denominador de estos siete relatos de los que formas parte porque te vuelves sueño, interlocutor, personaje y el autor comparte tu trayecto y tu suerte.

Quienes no estén dispuestos a jugar y seguir ese laberinto de fantasía que logra construir Pavić, favor de abstenerse, no le sirven ni al autor, ni a los lectores más aventureros.

Me abro a nuevas letras y nuevas formas, a imaginaciones construidas en calles cuyos nombres me resultan difíciles de pronunciar pero son exquisitas para imaginar, así es la arquitectura y el diseño de esta obra que se nos regala como un juego o inclusive, ¿por qué no? como una carta de amor.

Es, sin duda alguna, un deleite.





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