miércoles, 11 de febrero de 2015

Más Sontags menos Kardashians




Hace unos días me reencontré con una gran escritora. 

Si bien, no creo que la única novela que he leído escrita por Susan Sontag me haya tocado profundamente, si admito que la complejidad y profundidad de su pensamiento, su precisión, su enorme conocimiento, su pasión y rigor literario como ensayista me cautivan y me asombran cada vez que estoy frente a sus textos.

Ahora bien, mi percepción sobre Sontag era la de la mujer (anciana) que escribió el más inteligente ensayo sobre el 11 de Septiembre, mismo que fue publicado en The New Yorker el 24 de septiembre de 2001 y cuyo enlace adjunto para que comprueben mi aseveración. (http://www.newyorker.com/magazine/2001/09/24/1256341)

Posteriormente y al enterarme de su muerte adquirí varios libros escritos por ella, pero sólo leí su última novela "In America" que como señalé, sin ser mala, no me cautivó particularmente y me alejé de su obra. 

Recientemente y por casualidad pude ver un documental "Regarding Susan Sontag" de Nancy D. Kates; en el cual, familiares, amigos y parejas nos obsequian un retrato de quién fue la mujer llamada Susan Sontag.

Me sorprendieron varias cosas, en primer lugar, saber que fue una celebridad, una figura mediática de enorme trascendencia en la cultura estadounidense, trabó amistades con las personalidades más famosas  y poderosas de su tiempo. 

Era, a pesar de ella misma, referente femenino de la Norteamérica culta o por lo menos educada. Fue no sólo escritora, sino cineasta (creo que sin mucha fortuna) y una entusiasta del arte en general y de la fotografía en particular; pero su principal amor estaba en las letras.

Solía decir, si mal no recuerdo, que ella tenía la percepción o la idea de que un escritor era una persona que se apasionaba por todo, la política, el arte, el cine, la fotografía, etc. En este sentido condujo su obra y por medio de la escritura contribuyó a construir el pensamiento de la generación de nuestros padres o abuelos, quienes probablemente ignoraban su existencia.

No me causó mayor asombro saber que era no sé si lesbiana o bisexual o lo qué sea, pero si (no sé porqué) darme cuenta que fue ante todo una mujer gozosa, que buscaba con enorme tenacidad el placer, uno de esos placeres, por fortuna, era escribir.

Alejada de la modestia e implacable en su crítica a su país, era considerada como una voz disonante e incomoda para el americano promedio; sobre la guerra de Vietnam llegó a afirmar que "La raza blanca es el cáncer de la historia humana; es sólo la raza blanca (sus ideologías y sus invenciones) la que erradica a las civilizaciones autónomas allá donde se extiende, la que estropea el equilibrio ecológico del planeta y la que ahora amenaza a la propia existencia de la vida.” 

Afirmaciones de esa índole sólo podían ser expresadas por un espíritu valiente, arrojado, a quién poco le importa lo que la "sociedad" tuviera qué decir sobre su persona o su pensamiento. Su enorme gozo por la vida se vio amenazado y trastocado por la enfermedad, pero su alma indómita no cedió; salió victoriosa dos veces y a la tercera embestida del cáncer, sucumbió.

Creo que en esta cultura, ultra conectada, tecnológica, pero no humanamente se hace más necesario regresar a la palabra, a la esencia de lo que nos hace humanos, volvernos más críticos, recurrir a la razón, preocuparnos más por cómo pensamos que por como nos vemos, como lo afirmaba Sontag. 

Ojalá que el gozo por la vida, las ideas, la elocuencia, el conocimiento y la pasión de Susan Sontag por las letras y por las artes fueran tan socorridos como la necesidad de comentar el último desnudo de Kim Kardashian; pero sé que mis deseos se quedarán sólo en eso, porque lamentablemente nuestra sociedad se ha vuelto más superflua, vana y frívola.

Entre tanto, buscaré y devoraré su obra a ver si algo de esa profundidad y honestidad se queda en esta reciente conversa de la generación X que busca aportar algo, por mínimo que sea a este inculto e ignorante universo del que busco alejarme. 









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