Y bien, continúo mi análisis. Sé que muchas buenas conciencias estarán listas para lapidarme por hablar de un tema que no conozco, porque no estoy casada. A ellos respondo, es cierto que no estoy casada, porque no quiero estarlo, he visto a muchas "felices" parejas para fundamentar mi decisión. Por eso, considero que ser testigo y no parte de esas historias, sólo me permite la sana distancia para observar sin apasionamiento el fenómeno del matrimonio clasemediero.
Ahora bien, no descarto la idea de que existan verdaderas historias de éxito, sin embargo, siendo honestos, la mayoría están lejos del "vivieron felices para siempre".
Si, como muchos, culpo a Walt Disney y sus maniqueas historias, a las telenovelas mexicanas y las caricaturas japonesas, de la malformación de mi generación, pero también culpo a la religión católica y todos sus atavismos, por querer perpetuar la idea victoriana de la vida matrimonial.
Probablemente el mayor problema que encuentro con el matrimonio clasemediero, es lo que llamaré la "exclusividad de relaciones genitales" No es que no crea en la monogamia, sé que puedes amar a una sola persona durante toda tu vida, pero de eso a negar la posibilidad de tener relaciones genitales con otros seres humanos y prometer que éstas se darán exclusivamente con la misma persona "hasta que la muerte los separe" me parece un exceso muy difícil de cumplir. Siendo honestos suena más como condena que como promesa de felicidad.
Los monopolios no deben existir en una economía sana, siempre se buscará una alternativa. De mis conversaciones con todos los felices matrimonios clasemedieros que conozco, puedo inferir que la satisfacción de la convivencia genital va disminuyendo sistemáticamente desde el día posterior a la boda; siendo el mayor detrimento el que se presenta después del nacimiento del primer hijo; el declive no se detiene hasta el fin de la relación conyugal.
Lo que llaman fidelidad en el matrimonio es un sin sentido fisiológico. Somos humanos, nos diferenciamos de los animales porque procuramos nuestro placer, si éste se nos niega, buscaremos la forma de satisfacerlo.
Ahora bien, ¿cuál es la razón práctica para perpetuar la "exclusividad genital"? Algunos "informados" podrán aducir razones de salud, pero para eso existe el condón, que es la práctica genital más segura. Otros dirán que es por la estabilidad de la familia, mi respuesta para ellos es que la vida genital es íntima, no debería estar a "discusión" de la familia, (estoy hablando por supuesto de vida genital entre adultos) entonces, la única razón que se me ocurre está cimentada en la educación machista,
Ya sé que en este momento se me tachará de feminazi irracional y malcogida que detesta a los hombres, ninguno de los anteriores es un adjetivo con el que me identifique, por lo que no me considero insultada.
Sean honestos; la única razón para impedir a la pareja, sobre todo a la mujer, (porque la infidelidad no está mal vista socialmente para los hombres) es mantenerla en la ignorancia de que existen formas más satisfactorias y placenteras para el coito. La verdad de la monogamia es aniquilar a la posible competencia, por eso considero la "exclusividad de relaciones genitales" un monopolio.
En esta situación monopólica autoimpuesta, lo más lógico es que ambas partes busquen satisfacer sus necesidades genitales con otras personas. El buen godínez, sólo tendrá tiempo para iniciar relaciones con sus compañeras de trabajo, si es que ellas son solteras o aparentan ser mujeres liberadas, (no muy liberadas, el hombre siempre buscará la exclusividad genital, detesta la competencia)
La doñita que no trabaja tiene 2 vertientes; la que siguió siendo carita de ratón y cumplió con el imperativo social de verse siempre "bonita"/ "buena" o aquella que cumplido su sueño de vida matrimonial con chamacos y esposo que los mantega, dejo de vigilar su peso (pecado imperdonable para las mujeres del siglo XXI) y se convirtió en la amable "mamá de".
En el primer caso la doñita seguramente será asidua asistente a un gimnasio que obviamente paga el marido, y satisfará sus deseos genitales con algún instructor de pesas (los otros son casi siempre gays), después de hacer su rutina, totalmente maquillada y con los últimos diseños de la marca "bebe" (aunque sea pirata).
El otro caso, la doñita gordis y fodongona, seguramente se mantendrá fiel "exclusiva" a su esposo, pero no será por falta de ganas sino más bien por ausencia de oportunidades y si solventa sus necesidades genitales, será leyendo literatura basura que le recomienden sus amigas (muy parecidas a ella) como la trilogía de Gray, ya que probablemente se enteraron cómo se sentía un orgasmo mientras escuchaban atentas a su gurú favorita Martha Debayle.
El caso de la casada que trabaja es distinto, al acceder al contrato de convertirse en súper mujer, seguramente estará muy cansada para poner atención a sus necesidades genitales, y de ser así las negará en un afán por mantener su matrimonio, eso hasta que ya no le sea posible y se vea atraída por algún compañero de trabajo con el que acabará teniendo "algo" en una cena de fin de año; se sentirá culpable y regresará a ser la súper mujer con su marido y sus hijitos, jurando no repetir la acción,
El caso de los esposos debe ser más analizado, si bien la mayoría encontrarán la oportunidad para romper el monopolio genital, lo cierto es que buscarán ser muy cuidadosos y evitarán a costa de lo que sea, ser descubiertos por la "doñita" y poner en peligro la estabilidad de su matrimonio.
En este momento es cuando nuestra generación se diferencia de la anterior, Si una doñita se entera de una infidelidad o de que el marido rompió el monopolio genital, es muy probable que después de la terapia de pareja, de que se "den un tiempo" y traten de "solucionar las cosas" y "perdonarse", la relación conyugal tenga un fin estrepitoso, con el consabido drama por los hijos y sobre todo el dinero.
La madre generalmente conservará la custodia de los chamacos, el marido se verá libre del yugo conyugal y probablemente caerá en las "garras" de una mujer más joven y necesitada (usualmente la secretaria, asistente o en el peor de los casos la niñera, o la chica que limpia la casa) que eventualmente lo abandonará por estar viejo, panzón y calvo.
La ira de la doñita alcanzará a los hijos, que verán cada vez menos al papá, siendo usualmente un alivio para él y lo convertirán en una chequera perpetua debido a la culpa que sentirá por haber "acabado" con su sacrosanta vida familiar.
El final, es evidente, el matrimonio clasemediero que carga con ideas de 2 siglos atrás no tiene forma de subsistir en una sociedad que a pesar de la "educación" o deformación en la exclusividad genital, la dependencia económica de la mujer, y el machismo; ha evolucionado.
Ya nadie cree que vivieron felices para siempre, aunque siga habiendo mentes retorcidas que educan a sus hijas como princesas; que se pongan frente a la televisión a ver "La Rosa de Guadalupe" y que pretendan hacernos creer que lo mejor para la mujer es llegar virgen al matrimonio.
Estamos en la antesala del fin del matrimonio clasemediero como lo concebían nuestros padres y las nuevas formas de familia se irán expandiendo poco a poco.
Por lo único que me pronuncio es por la información y la libertad, no espero que mi forma de pensar ofenda a nadie y sólo escribo esto con un poco de humor para expresar mi, no tan particular. forma de ver la vida.
Siempre fui rara y me gusta serlo.