jueves, 11 de diciembre de 2014

Poesía en chilango.

Descubro la poesía en mi idioma; hoy encuentro palabras que me tocan y conmueven; descubro la voz de un hombre que habla de mujeres y ciudades y el amor y la muerte de formas exultantes, épicas incluso.

Es posible hacer poesía de un trayecto en autobús y gracias a la belleza y precisión de cada palabra transformar la vulgaridad en proeza literaria. Alquimia pura. 

Encontré a Efraín Huerta debido a un inesperado obsequio que no he agradecido apropiadamente, no sé como agradecerlo en realidad. Espero que estas palabras contribuyan a ello, pero creo que lo mejor que puedo hacer es convertirme en publicista de su obra. 

Era enorme en su poesía Efraín Huerta. No tan conocido, probablemente por haber sido contemporáneo y amigo de Paz, el inmenso Paz, de quién todos hablan y que muy pocos han leído (cuéntenme entre ellos). Del poeta Paz no se habla tanto como del intelectual y del famoso Paz; imaginen cuán lejos quedará el poeta Huerta a la sombra de Paz. 

Pero aquí estoy yo, la nueva entusiasta y promotora de Huerta; aunque como entusiasta y promotora de Miller, Nïn, Márai y Plath no he sido particularmente exitosa, puedo decir que algunos han escuchado, o mejor dicho, han percibido el enorme gozo que encuentro cada vez que las letras de un grande se topan con mis ojos. 

Es este pues, mi pequeño homenaje a Huerta, al poeta que me hizo re descubrir la belleza de mi idioma, distinto al de Cortázar, o al de Bolaño, por que uno hablaba argentino y el otro chileno, y ninguno, por más cercanos que estén, es mexicano, ni mucho menos defeño. (aunque Huerta haya nacido en Guanajuato, esa circunstancia lo convierte en chilango; mejor aún)

Van para ti Efraín Huerta mis palabras y mi nuevo amor por la poesía mexicana, por la poesía chilnaga que me es más cierta y más cercana. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Importa demasiado


He querido escribir sobre este tema desde hace algunos días, el problema es que, como casi siempre, no tenía muy claro lo que quería decir. No sé si ya lo tengo, pero si no empiezo a ponerlo en blanco y negro, seguirá difuso. 

Hace poco mi prima publicó en Facebook, con lo que asumo es admiración por las modelos que salieron en el más reciente desfile de Victora's Secret, un  comentario en el que clamaba porque alguien le dijera que, en efecto, esas no eran mujeres reales sino el resultado de la ciencia, un experimento de eugenesia, la participación de extraterrestres u hologramas creados en una sala de edición de los estudios de una agencia de publicidad.

Ante el comentario, no supe que escribir, tenía ganas de decir muchas cosas, pero no tenía claros los sentimientos que, no solo su comentario, sino otras afirmaciones me provocaban; así que solo respondí con un sincero "sin palabras".

Sin palabras porque yo también creo que esas mujeres de 1.80 metros y 50 kilos de peso son hermosas; pero, también sin palabras porque, si bien esas mujeres que se consideran por la mayor parte del mundo occidental como "perfectas" no son un "modelo" a seguir para mí. Y, a pesar de ello, el sistema en el que estamos inmersos consigue parcialmente un objetivo funesto: me siento mal por no parecerme a una mujer de 20 años de 1.80 metros y que pesa 50 kilos... y aquí hago una pausa, de verdad ¿me siento mal por no parecerme a una mujer de 20 años, 1.80 metros y 50 kilos?

No, claro que no me siento mal por eso,  pero siendo una mujer de 40 años. que apenas pasa del metro y medio de altura y con sobrepeso, me siento menos atractiva en comparación con esas esculturas vivientes,  y es ahí donde creo que radica el problema.

Para la sociedad en la que vivo; tener sobrepeso, lonjitas, celulitis, no tener el cutis impecable ni las piernas delgadas; en pocas palabras, no verte "cogible" es un grave defecto.

¿Pero quién hace que todo esto sea válido? Esa es la pregunta y creo que todos contribuimos en alguna medida a hacer legítima esta afirmación. 

Estoy casi segura que estas mujeres "perfectas" no saben que son parte de un sistema que procura minimizar al "ser humano", no están conscientes  de que sólo por ser hermosas, no comer más de 1000 calorías a la semana y presentarse en ropa interior, contribuyen a perpetuar una imagen "irreal" y utilitaria de la mujer.Alguna de estas exponentes de la belleza dijo alguna vez, "mi trabajo no es pensar, es verme hermosa" Cierto. Ellas hacen lo que les hace felices, (o eso creo) esa es su decisión y su forma de vida, no es mi labor censurar o denigrar a este tipo de mujeres, ni tampoco descalificarlas por sus intereses, nivel cultural o intelectual.

El problema es que en esta sociedad importa demasiado nuestra apariencia física, y todos en alguna medida caemos en esa "demasía". Es decir, si arreglarme, maquillarme y peinarme todos los días me hace sentir bien, a mi y lo hago por mi; todo recae en mi bienestar, por que, como dice mi terapeuta, mi necesidad va acorde con lo que dicta la sociedad.

El problema se presenta cuando la sociedad impone (mediante anuncios, tallas, programas, películas, etc) cómo "debe" verse y comportarse una mujer que "merezca" ser amada o deseada, (no necesariamente ambas) y cada una de nosotras admitimos qué esa es la forma en la que debemos vernos o comportarnos, a pesar de nuestra necesidad; es en ese momento en que empezamos a caer inconscientemente en un perverso sistema que nos violenta y nos pone en un lugar inferior como seres humanos.

Cuando la "sociedad" pasa sobre mi necesidad es cuando mi humanidad tiene que poner un alto. Desafortunadamente, el mensaje es muy poderoso y constante, las recompensas a la belleza física son muchas en todos los niveles, desde muy temprano se nos enseña que: "como te ven te tratan" y romper, o tratar de romper con ese mensaje se vuelve un esfuerzo de años, inclusive de toda una vida; el objetivo no siempre se consigue y hay quienes literalmente mueren en el intento por encajar en un modelo impuesto.

Importa demasiado, porque todos somos cómplices de que así sea. En mi caso y en muchos que conozco es trascendental cuánto pesamos o qué talla somos, no es un número, es lo que define en no pocas maneras, nuestra forma de interactuar con la sociedad y con nosotras mismas; yo he puesto en riesgo mi bienestar por tratar de ser flaca, le he dado un valor excesivo a ser delgada, pero esa necesidad  no surgió de mi, sino de un deseo por sentirme amada y aceptada por otros,  y no soy un caso aislado.

La mayoría de las mujeres de mi generación tenemos problemas de auto imagen, porque se nos ha impuesto la necesidad de parecer algo que nunca conseguiremos: ser mujeres de 1.80 metros y 50 kilos.

Si, por supuesto que las chicas que salen en los desfiles de Victoria's Secret son hermosas, y ellas no son culpables de que el resto de las mujeres nos sintamos incómodas con nuestra imagen, (me gustaría preguntarles ¿qué tan cómodas se sienten con ellas mismas?) no es su responsabilidad, sino la nuestra, recatar nuestra humanidad.

Sé que tratar de cambiar mi percepción ante mi misma es trabajo diario; y tener la fuerza de admitir que soy bella, sin tratar de cumplir estereotipos ajenos e inalcanzables es un esfuerzo que implica re valorar mi parte humana, lejos de lo que "otros" (entiéndase por ello la sociedad, otras mujeres, y  hombres) piensen de mi aspecto físico.

La admiración de la belleza es algo intrínseco del ser humano, pero es nuestra labor buscar la belleza en todo, y no sólo en las modelos "perfectas" de una marca de calzones. Empiezo por admitir que no importando lo que hoy pese o qué talla sea, sigo siendo hermosa porque soy yo. 





miércoles, 3 de diciembre de 2014

La hoja en blaco

Han pasado varios días, una semana casi sin parar por aquí.

La intimidante "hoja en blanco" me observa, espera que la ataque con las letras. ¿Dije ataque? sí porque la hoja en blanco es paz o es el enemigo o el porvenir, y entonces ¿porqué el ataque?

Debería fundamentar esta relación más en la cordialidad y en la colaboración que en el miedo y la ira, ¿de dónde me surge entonces la palabra ataque?

Probablemente la confrontación (regresa la beligerancia) se deba a que me veo a mi misma y mis limitantes, al saber que, no me considero particularmente talentosa como para tener el derecho de asumir que alguien va a leer lo que escribo.

Por otro lado, sé que hay miles de personas que no enfrentan este pudor o la reverencia que yo poseo por la palabra escrita y la mancillan sin remordimiento alguno, en ocasiones con enormes dividendos.

Cualquiera puede escribir, ¿no es así? supongo que la premisa es cierta.

No cualquiera, sin embargo, sabe usar las palabras o puede tocar el alma con ellas, ese privilegio está reservado para muy pocos. Los he tenido de frente y he dialogado con ellos, todos de distintas épocas, muchos fueron mis primeros amores, otros lo siguen siendo y es entonces cuando pienso, ¿qué derecho tengo yo de poner letras en una hoja en blanco? cuando Anaïs ya lo hizo, o Sylvia Plath lo lloró, o cuando Cortázar reinventó un idioma para llegar a lo más profundo de la magia de las letras. O Henrry Miller decidió incendiar las palabras para cauterizar su modo de ver la vida en mi cabeza. ¿Quién me da ese derecho?

Nadie da ni quita nada; no es un derecho que se otorgue o se deba restringir. Escribir se vuelve necesario, simplemente resulta inevitable.

Escribo para vivir, de esto como;  pero no escribo lo que quiero sino lo que me piden,

Si este ejercicio libre y autónomo me intimida, es porque probablemente, como a muchos, me da miedo mirarme al espejo y que no  me guste lo que ahí se retrata.

Aun así, asumido el miedo, siguen surgiendo las palabras; hay más armonía con la hoja en blanco, ya no es más la antagonista, tampoco se convierte en interlocutor, más bien es el receptáculo del pensamiento que se ve enriquecido al buscar la palabra precisa,

Las palabras. Uno de mis títulos favoritos de Sartre es sin duda "Las palabras" ¿ahí está el miedo? ¿en las palabras? en no ser capaz de utilizarlas armónica, casi musicalmente, pero con el sentido y la fuerza que poseen.

¿Ese respeto es el que me ata? la soga, entonces no es tan fuerte o el nudo no está bien sujeto, porque las palabras se me siguen presentado y las sigo vaciando en esta fuente (dejo aquí el lenguaje violento) para que al ser recibidas me muestren un reflejo de mi misma, tal vez no el más preciso, pero si algo cercano, similar a mi, uno que se disipará con el tiempo, pero que por un momento estuvo ahí, presente recordándome quién soy o puedo ser y porqué decido escribir.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Insomnio

Hay palabras que viven en mí. Duermen, yacen, permanecen en mi mente y cobran vida por las noches, no me acechan, ni me persiguen solo están. Tal vez sólo esperan el frío de una madrugada otoño para despertar. 

Y así, sin aviso comienzan a brillar en la noche como estrellas que de pronto se van revelando tras las nubes, empiezan a iluminarse cada vez con mayor fuerza. Unas con un tímido centelleo, otras con una luminosidad que compite con la luna. Intermitentes recordatorios de que mi mente no está lista para el sueño, llegan nombres y sinónimos, sentimientos y sentires, palabras rimbombantes, audaces y procaces. 

Acuden en tropel no las puedo atrapar todas, capturo algunas y las plasmo, pero otras simplemente escapan; son más veloces que yo y que mis dedos, y aun así las letras siguen apareciendo. 

Y de repente, el silencio, una pausa que parece interrumpir una sinfonía que se empezaba a gestar en mi cabeza. 

La velocidad con que surgían en un inicio, se convierte de pronto en un goteo,  espero que regresen, que surja la siguiente que acabe de dar sentido a todo lo que estoy pensando. Pero olvido que no estoy pensando, sólo escucho y escribo. ¿Eso es la inspiración? Henry Miller solía llevar libretas para atrapar sus pensamientos, decía que antes de tener el "oficio" de escritor se le escaparon miles de ideas por no contar en ese momento con una pluma para capturalas.

No sé si me pasa igual, nadie es Henry Miller. Hoy, por lo menos tuve la valentía de intentar detener a las palabras, no estoy segura de haberlo conseguido, pero si el insomnio sirve de algo, estaré atenta para escuchar su dictado.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Happy Thanks Giving Day!

Bien, pongámonos en contexto. 

Mi familia lleva muchos años festejando la fecha más estadounidense que existe. No, no es el 4 de julio, la fecha más estadounidense es el Thanks Giving Day.  No soy la única que lo afirma, es el día que más vuelos hay en el año en Estados Unidos, es el día en que las familias se reúnen, sin duda es mucho más importante que navidad o cualquier otra festividad religiosa, supongo que es tan popular precisamente por su carácter secular.

El hecho de que festejemos Thanks Giving, se debió en un inicio a mi papá, siendo de una ciudad fronteriza, para él era tradicional celebrar el día del cócono, (así le decían al pavo).

En un afán nostálgico hace unos 20 años o más probablemente, mi papá nos compartió su idea de celebrar el Thanks Giving; mi mamá, mi tía (es la que cocina el pavo) mi hermano y yo, consideramos que era una buena idea; siempre hay un buen pretexto para celebrar, aunque nunca imaginamos que el resultado se convertiría en nuestra tradición familiar. 

Hoy veo que es esta fiesta la que más afinidad tiene conmigo y con mi forma de pensar. 

En principio, se trata de Dar Gracias, pero no a ninguna deidad, sino a la tierra que nos proveyó de alimento durante todo un año. Según los historiadores norteamericanos, en otoño de 1621, en Plymouth, Nueva Inglaterra, tuvo lugar el primer festejo de acción de gracias, que dio inicio a la tradición. 

Dar gracias por las cosechas siempre fue una práctica habitual de las comunidades venidas de Europa, así como de los nativos indígenas de norteamérica, por lo que la tradición es una especie de sincretismo que sirvió para fines políticos después de la Guerra de Secesión, cunado Lincoln la usó para re unificar al país y posteriormente por Roosevelt para reactivar la economía. 

Ese es el origen del festejo y si, en Estados Unidos es una fiesta nacional que está impregnada del consumismo característico de los gringos, en el que sólo importa comer, ver futbol americano y al día siguiente correr a las tiendas a matarse por comprar una camisa en 2 dólares. Nada más lejano de mi forma de ser. 

Evidentemente en casa de mis papás todo es muy distinto. En México (me refiero a la Ciudad de México) hace más de 20 años nadie o muy pocos festejaban el día de acción de gracias. Sólo en Mary Callender's se vendía pay de calabaza y hacían una cena especial; por esta razón nuestro festejo de acción de gracias es ajeno a todo lo que me disgusta del de Estados Unidos, incluyendo por supuesto ese violento "juego" llamado futbol americano.

Si vives en el D.F. ¿qué tienes que hacer la noche del cuarto jueves del mes de noviembre?  ... Nada, nadie tiene planes.

¡Buena idea papi! Hagamos una cena de Acción de Gracias. con el menú tradicional, pavo, vegetales, pay de calabaza, pan de maíz (eso es una adición de mi mamá y uno de sus pocos, pero rotundos éxitos culinarios). En esa ocasión invitamos a nuestras personas: amigos y familia, a quienes amamos y quienes nos aman y a partir de entonces inició la tradición de los Carrillo de celebrar cada año nuestro muy particular Día de Acción de Gracias. 

Acción de Gracias es la fiesta de mi familia, solo hay buena comida, buen vino, muchas risas, en algunas ocasiones lágrimas, pero sobre todo amor.

Quienes llegan a la casa no sólo son recibidos por el aroma de las delicias que han preparado mi tía Georgina y mi mamá, (cuando mi Tilly vivía hacía un delicioso ponche de vino tinto que llenaba el ambiente de notas dulces de canela, clavo y naranja) sino que ante todo, está presente un cálido sentimiento de pertenencia, de saber que han llegado al hogar, que ahí son recibidos con todo el amor (que es mucho) que mi ruidosa familia es capaz de dar.

Por eso festejamos el día de acción de gracias, porque en verdad estamos agradecidos del amor que nos tenemos y que damos, por los niños que llegan y los que crecen y por quienes ya no están, por tener o no tener trabajo o salud, celebramos por estar juntos o lejos, pero celebramos por estar.

Eso es el Día de Acción de Gracias para mí.

Así que hoy doy gracias por las lágrimas y el dolor, y las risas y el placer; por los amigos y familia, por mi papá, mi mamá y mi hermano, por los niños y  mi perro que ya no está. Por el amor que siento, por lo que doy y recibo.

Por todo, Gracias.


lunes, 24 de noviembre de 2014

¿Soy feminista?


Entendámonos; la RAE define feminismo como: "doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los varones". o en otra acepción, "es el movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los varones." La segunda definición me gusta más que la primera. 

En este sentido, creo que nadie que yo conozca podría decir que no lo es.

Puesta a reflexionar sobre el tema, más por autoconocimiento que por un afán contestatario, trato de analizar mi posición como mujer.

Recordando mi infancia, nunca consideré que por ser mujer se me hubiera negado algo, cabe señalar que soy hija de una madre trabajadora, que a su vez fue hija de otra madre trabajadora y sola; por lo que mi "normalidad" seguramente no era la "normalidad" del resto de mis amigas. 

Hace poco alguien me dijo que de niña yo le parecía una "adultita". No me recuerdo tampoco así, pero lo que si recuerdo vivamente era cómo veía a las mujeres que me rodeaban, creo que ponía más atención en las mujeres que en los hombres.

De niña nunca imaginé que existiera una "opresión" hacia la mujer, no percibía un sometimiento de ningún tipo. Yo hacía lo que quería, jugaba con quién quería y a lo que quería, policías y ladrones igual que barbies o timbiriche (el grupo, siempre quería ser Mariana). Iba a escuela de monjas, de puras niñas, probablemente esa circunstancia coadyuvó a mi construir mi percepción de "equidad" o lo que yo creía que era equidad. Aún ahora me cuesta trabajo pensar en algún tipo de segregación de género durante mi muy feliz infancia.

Las mujeres que veía de niña, eran casi todas, educadas, profesionales. La mayoría trabajaban, muchas enfermeras amigas de mi mamá, en particular mi madrina, una mujer alta, muy guapa, una gran enfermera muy distinguida y reconocida (cabe destacar que a diferencia de la mayoría, para mi, las enfermeras son profesionales, científicas, exitosas, a la par o por encima de cualquier médico) otras de sus amigas, maestras como mi mamá, escribían libros, hacían investigaciones, mi mamá es admirada por generaciones. Mis tías aunque no todas trabajan, me parecían mujeres autónomas, independientes, libres, divertidas. 

Sería hasta más tarde, sin embargo, cuando me diera cuenta que en mi familia también había mujeres sometidas y violentadas, pocas, pero las había. 

Mi caso sin embargo no era ese, mi abuela, era una gran profesional, inició movimientos en favor de sus compañeras trabajadoras, creó la primera guardería en PEMEX, mediante un censo hecho en los baños. Independiente, divertida, viajera, fuerte, inquebrantable, así era mi abuela. Nunca le dio remordimiento dejar a sus hijos. Mi abuela es uno de mis modelos de mujer, siempre ha ocupado un lugar primordial en mi vida, a pesar de que murió cuando yo tenía 4 años.

Mis figuras masculinas también ayudaron a construir mi visión, mi papá nos hacia el desayuno, el lunch y nos llevaba y recogía de la escuela. Yo sabía que no había nada más importante para él que yo, pero tampoco descuidaba a mi hermano, ni a mi mamá. Mi hermano era otra cosa, él si es más apegado a los modelos tradicionales, si bien había pleitos, los percibía más como competencia de hermanos que como una relación de poder por ser él hombre y yo mujer.

No fue sino hasta mi edad adulta que me percaté que a pesar de mis primeras impresiones, mi mamá si educó a un "macho". Es decir, él si ve una superioridad de los hombres por el solo hecho de ser hombres, asume que las mujeres están para servirle y denuesta lo que considera actitudes femeninas. 

En fin, creo que derivado de toda esta historia, muy personal puedo inferir que siempre estuve rodeada de feministas, no de dichos, sino de hechos. Inconscientemente siempre fui feminista, sólo que no salía del closet. Mi miopía me hacía pensar que todo era como mi minúsculo universo de equidad.

Ignoraba, o no veía que la mayoría de las mujeres están sometidas porque no conocen otra forma de vida. Para mi es inconcebible que se niegue la educación a una mujer por ser mujer, no entendía la existencia de las cuotas de género en la política (aún no me gustan demasiado, pero entiendo la necesidad de tenerlas) no puedo entender porqué está mal visto elegir vivir sola y no querer tener hijos,

Para mí la palabra feminismo tenía una cierta connotación negativa, tal vez provocada por representantes que utilizan el término para perpetuar la relación de poder, siempre habrá un sometido.

¿Porqué no me consideraba feminista?

Creo que hay un mal uso, o un abuso del término, pocos entienden lo que en realidad quiere decir la palabra, La definición del diccionario es neutra, no se encuentra en ella ninguna relación de poder, es por eso que cuando las "feministas" afirman una superioridad, moral o intelectual o sólo aducen el papel de víctimas para justificarse, y hablan de "lucha", "trincheras", "defensa" y tantas palabras beligerantes, me resulta muy difícil identificarme con ese discurso. 

Al mismo tiempo encuentro que mi postura es de equidad, porque en efecto, las mujeres somos mujeres, no tenemos que demostrarlo, sin embargo la sociedad ha impuesto a los hombres un deber de reafirmarse como "hombres" en todas sus acciones y durante toda su vida, se ven obligados a probar constantemente su "hombría" porque de lo contrario se les catalogaría en lo que ninguno quiere ser, es decir mujer, sería bajar de nivel: "pareces vieja" "no seas nena". Todos hemos utilizado esas frases alguna vez, me comprometo a erradicarlas de mi vocabulario, porque las palabras importan y penetran en nuestro inconsciente, Después de este ejercicio procuraré prestar más atención a palabras y reacciones, para salirme del entorno de supremacía e inferioridad en el cual estamos inmersos. 

Después de toda esta disertación, la respuesta será: "si, yo sí soy feminista"




miércoles, 19 de noviembre de 2014

El matrimonio clasemediero parte II

Y bien, continúo mi análisis. Sé que muchas buenas conciencias estarán listas para lapidarme por hablar de un tema que no conozco, porque no estoy casada. A ellos respondo, es cierto que no estoy casada, porque no quiero estarlo, he visto a muchas "felices" parejas para fundamentar mi decisión. Por eso, considero que ser testigo y no parte de esas historias, sólo me permite la sana distancia para observar sin apasionamiento el  fenómeno del matrimonio clasemediero.

Ahora bien, no descarto la idea de que existan verdaderas historias de éxito, sin embargo, siendo honestos, la mayoría están lejos del "vivieron felices para siempre". 

Si, como muchos, culpo a Walt Disney y sus maniqueas historias, a las telenovelas mexicanas y las caricaturas japonesas, de la malformación de mi generación, pero también culpo a la religión católica y todos sus atavismos, por querer perpetuar la idea victoriana de la vida matrimonial.

Probablemente el mayor problema que encuentro con el matrimonio clasemediero, es lo que llamaré la "exclusividad de relaciones genitales" No es que no crea en la monogamia, sé que puedes amar a una sola persona durante toda tu vida,  pero de eso a negar la posibilidad de tener relaciones genitales con  otros seres humanos y prometer que éstas se darán exclusivamente con la misma persona "hasta que la muerte los separe" me parece un exceso muy difícil de cumplir. Siendo honestos suena más como condena que como promesa de felicidad. 

Los monopolios no deben existir en una economía sana, siempre se buscará una alternativa. De mis conversaciones con todos los felices matrimonios clasemedieros que conozco, puedo inferir que la satisfacción de la convivencia genital va disminuyendo sistemáticamente desde el día posterior a la boda; siendo el mayor detrimento el que se presenta después del nacimiento del primer hijo; el declive no se detiene hasta el fin de la relación conyugal. 

Lo que llaman fidelidad en el matrimonio es un sin sentido fisiológico. Somos humanos, nos diferenciamos de los animales porque procuramos nuestro placer, si éste se nos niega, buscaremos la forma de satisfacerlo. 

Ahora bien, ¿cuál es la razón práctica para perpetuar la "exclusividad genital"? Algunos "informados" podrán aducir razones de salud,  pero para eso existe el condón, que es la práctica genital más segura. Otros dirán que es por la estabilidad de la familia, mi respuesta para ellos es que la vida genital es íntima, no debería estar a "discusión" de la familia, (estoy hablando por supuesto de vida genital entre adultos) entonces, la única razón que se me ocurre está cimentada en la educación machista, 

Ya sé que en este momento se me tachará de feminazi irracional y malcogida que detesta a los hombres, ninguno de los anteriores es un adjetivo con el que me identifique, por lo que no me considero insultada. 

Sean honestos; la única razón para impedir a la pareja, sobre todo a la mujer, (porque la infidelidad no está mal vista socialmente para los hombres) es mantenerla en la ignorancia de que existen formas más satisfactorias y placenteras para el coito. La verdad de la monogamia es aniquilar a la posible competencia, por eso  considero la "exclusividad de relaciones genitales" un monopolio. 

En esta situación monopólica  autoimpuesta, lo más lógico es que ambas partes busquen satisfacer sus necesidades genitales con otras personas. El buen godínez, sólo tendrá tiempo para iniciar relaciones con sus compañeras de trabajo, si es que ellas son solteras o aparentan ser mujeres liberadas, (no muy liberadas, el hombre siempre buscará la exclusividad genital, detesta la competencia)

La doñita que no trabaja tiene 2 vertientes; la que siguió siendo carita de ratón y cumplió con el imperativo social de verse siempre "bonita"/ "buena"  o aquella que cumplido su sueño de vida matrimonial con chamacos y esposo que los mantega, dejo de vigilar su peso (pecado imperdonable para las mujeres del siglo XXI) y se convirtió en la amable "mamá de".

En el primer caso la doñita seguramente será asidua asistente a un gimnasio que obviamente paga el marido, y satisfará sus deseos genitales con algún instructor de pesas (los otros son casi siempre gays), después de hacer su rutina, totalmente maquillada y con los últimos diseños de la marca "bebe" (aunque sea pirata).

El otro caso, la doñita gordis y fodongona, seguramente se mantendrá fiel "exclusiva" a su esposo, pero no será por falta de ganas sino más bien por ausencia de oportunidades y si solventa sus necesidades genitales, será leyendo literatura basura que le recomienden sus amigas (muy parecidas a ella) como la trilogía de Gray, ya que probablemente se enteraron cómo se sentía un  orgasmo mientras escuchaban atentas a su gurú favorita Martha Debayle.

El caso de la casada que trabaja es distinto, al acceder al contrato de convertirse en súper mujer, seguramente estará muy cansada para poner atención a sus necesidades genitales, y de ser así las negará en un afán por mantener su matrimonio, eso hasta que ya no le sea posible y se vea atraída por algún compañero de trabajo con el que acabará teniendo "algo" en una cena de fin de año; se sentirá culpable y regresará a ser la súper mujer con su marido y sus hijitos, jurando no repetir la acción,

El caso de los esposos debe ser más analizado, si bien la mayoría encontrarán la oportunidad para romper el monopolio genital, lo cierto es que buscarán ser muy cuidadosos y evitarán a costa de lo que sea, ser descubiertos por la "doñita" y poner en peligro la estabilidad de su matrimonio. 

En este momento es cuando nuestra generación se diferencia de la anterior, Si una doñita se entera de una infidelidad o de que el marido rompió el monopolio genital, es muy probable que después de la terapia de pareja, de que se "den un tiempo" y traten de "solucionar las cosas" y "perdonarse", la relación conyugal tenga un fin estrepitoso, con el consabido drama por los hijos y sobre todo el dinero. 

La madre generalmente conservará la custodia de los chamacos, el marido se verá libre del yugo conyugal y probablemente caerá en las "garras" de una mujer más joven y necesitada (usualmente la secretaria, asistente  o en el peor de los casos la niñera, o la chica que limpia la casa) que eventualmente lo abandonará por estar viejo, panzón y calvo.

La ira de la doñita alcanzará a los hijos, que verán cada vez menos al papá, siendo usualmente un alivio para él y lo convertirán en una chequera perpetua debido a la culpa que sentirá por haber "acabado" con su sacrosanta vida familiar. 

El final, es evidente, el matrimonio clasemediero que carga con ideas de 2 siglos atrás no tiene forma de subsistir en una sociedad que a pesar de la "educación" o deformación en la exclusividad genital, la dependencia económica de la mujer, y el machismo; ha evolucionado.

Ya nadie cree que vivieron felices para siempre, aunque siga habiendo mentes retorcidas que educan a sus hijas como princesas; que se pongan frente a la televisión a ver "La Rosa de Guadalupe" y que pretendan hacernos creer que lo mejor para la mujer es llegar virgen al matrimonio.

Estamos en la antesala del fin del matrimonio clasemediero como lo concebían nuestros padres y las nuevas formas de familia se irán expandiendo poco a poco.

Por lo único que me pronuncio es por la información y la libertad, no espero que mi forma de pensar ofenda a nadie y sólo escribo esto con un poco de humor para expresar mi, no tan particular. forma de ver la vida. 

Siempre fui rara y me gusta serlo.


martes, 18 de noviembre de 2014

El matrimonio clasemediero

Ensayo sobre el matrimonio clasemediero



Conozco la llamada "clase media" somos todos aquellos que vivimos acorde con la legalidad y también solemos ser los únicos afectados por la aplicación de las normas. 

Se nos suele conocer como "gente decente" (lo que quiera que eso signifique) pero en general somos personas con alguna educación (que no es lo mismo que cultura) cuyos padres trabajaron muy duro, pagando hipotecas durante décadas y escuelas privadas para que, nosotros sus católicos vástagos, tuviésemos mejores oportunidades en la vida.

Así, los egresados ochenteros y noventeros de cientos de escuelas privadas, nos convertimos en los los treintones y cuarentones que actualmente forman la masa del matrimonio clasemediero de México.

Una vez que los niños y niñas egresados del Simón Bolivar, Ceyca, Godwin, Madox, Cedros, Colegio México, Amado Nervo, Madrid, Williams, Heraldos y tantos otros; salieron de la escuela y que sus papás se  podían sentir satisfechos de haberles brindado a sus peques la mejor educación a su alcance, los vástagos más afortunados asistieron a universidades privadas, los demás a la UNAM o la UAM pero eso si; todos seguían estudiando para "ser alguién" usualmente, sin saber quién demonios era ese "alguién".

Durante la prepa o universidad, los jóvenes clasemedieros conocen a su "media naranja" - nunca he comprendido la referencia cítrica-  Usualmente, el joven clasemediero busca que su clasemediera chica cumpla con ciertas características físicas. 

En el caso de ser guapos ellos eligen a las flaquitas rubias (no importando por que medios) con carita de ratón indefenso, y de cuyo grupo de amigas no podrías distinguir a una de la otra. Estos casos son más comunes entre los que seguramente asistieron a la Anahuac, Ibero, UP , etc. La belleza, usualmente, va en relación directamente proporcional con los ceros de la colegiatura.

Si no han sido tan favorecidos en la escala económica, ni en la física, los jóvenes clasemedieros que asisten a universidades públicas, suelen poner sus ojos en las "buenas mujeres" con carita de "madredemishijos", que si bien podrían trabajar  y aportar al hogar familiar, lo ideal es que el marido cargue con el mayor peso económico, y que ella trabaje porque así lo desea, aunque preferiría que enfoque sus esfuerzos en cuidar y educar a los futuros hijos. 

Cumplido el compromiso, y después de una fiesta que los padres acabarán pagando a 900 meses sin intereses (algunas veces la deuda excederá la duración del matrimonio) inicia la vida matrimonial clasemediera.

Él empieza a trabajar siendo un "godínez" con mayor o menor éxito financiero; buscará comprar una casa lo más pronto posible, mientras su esposa carita de ratón se dedica a cuidar a sus adorables vástagos.

Una vez más, es necesario hacer una diferencia entre los que asistieron a la Universidad Pública y Privada. 

En el primer caso, el esposo, seguramente no pasará de ser un "godínez" cuya perpetua deuda para mantener un nivel de vida que excede sus capacidades económicas, lo obligará a continuar en uno o 2 trabajos hasta que los pequeños cumplan 20 o 30 años. En estos casos, seguramente la esposa, ahora "buenamadre" también tendrá que trabajar para contribuir con los gastos que generan las colegiaturas de las escuelas privadas de los chamacos, que sin lugar a duda, se creerán juniors hasta los 30.

La otra parte de los clasemedieros, seguramente tendrán mejores puestos que los menos agraciados, con el lógico incremento en sus ingresos y nivel de vida. Por esta razón, las rubias carita de ratón, no tendrán la necesidad, ni la intención de trabajar y se convertirán en una versión mucho más agraciada de sus propias madres. Siendo damas de sociedad, carentes  incentivos intelectuales, a menos que éstos sean para una "desarrollo personal" Si se les ve leyendo, siempre será un libro de autoayuda o de Paolo Cohelo.

Este es sólo el inicio de la feliz vida del matrimonio clasemediero. La segunda entrega se prepara.