Es posible hacer poesía de un trayecto en autobús y gracias a la belleza y precisión de cada palabra transformar la vulgaridad en proeza literaria. Alquimia pura.
Encontré a Efraín Huerta debido a un inesperado obsequio que no he agradecido apropiadamente, no sé como agradecerlo en realidad. Espero que estas palabras contribuyan a ello, pero creo que lo mejor que puedo hacer es convertirme en publicista de su obra.
Era enorme en su poesía Efraín Huerta. No tan conocido, probablemente por haber sido contemporáneo y amigo de Paz, el inmenso Paz, de quién todos hablan y que muy pocos han leído (cuéntenme entre ellos). Del poeta Paz no se habla tanto como del intelectual y del famoso Paz; imaginen cuán lejos quedará el poeta Huerta a la sombra de Paz.
Pero aquí estoy yo, la nueva entusiasta y promotora de Huerta; aunque como entusiasta y promotora de Miller, Nïn, Márai y Plath no he sido particularmente exitosa, puedo decir que algunos han escuchado, o mejor dicho, han percibido el enorme gozo que encuentro cada vez que las letras de un grande se topan con mis ojos.
Es este pues, mi pequeño homenaje a Huerta, al poeta que me hizo re descubrir la belleza de mi idioma, distinto al de Cortázar, o al de Bolaño, por que uno hablaba argentino y el otro chileno, y ninguno, por más cercanos que estén, es mexicano, ni mucho menos defeño. (aunque Huerta haya nacido en Guanajuato, esa circunstancia lo convierte en chilango; mejor aún)
Van para ti Efraín Huerta mis palabras y mi nuevo amor por la poesía mexicana, por la poesía chilnaga que me es más cierta y más cercana.
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