miércoles, 10 de diciembre de 2014

Importa demasiado


He querido escribir sobre este tema desde hace algunos días, el problema es que, como casi siempre, no tenía muy claro lo que quería decir. No sé si ya lo tengo, pero si no empiezo a ponerlo en blanco y negro, seguirá difuso. 

Hace poco mi prima publicó en Facebook, con lo que asumo es admiración por las modelos que salieron en el más reciente desfile de Victora's Secret, un  comentario en el que clamaba porque alguien le dijera que, en efecto, esas no eran mujeres reales sino el resultado de la ciencia, un experimento de eugenesia, la participación de extraterrestres u hologramas creados en una sala de edición de los estudios de una agencia de publicidad.

Ante el comentario, no supe que escribir, tenía ganas de decir muchas cosas, pero no tenía claros los sentimientos que, no solo su comentario, sino otras afirmaciones me provocaban; así que solo respondí con un sincero "sin palabras".

Sin palabras porque yo también creo que esas mujeres de 1.80 metros y 50 kilos de peso son hermosas; pero, también sin palabras porque, si bien esas mujeres que se consideran por la mayor parte del mundo occidental como "perfectas" no son un "modelo" a seguir para mí. Y, a pesar de ello, el sistema en el que estamos inmersos consigue parcialmente un objetivo funesto: me siento mal por no parecerme a una mujer de 20 años de 1.80 metros y que pesa 50 kilos... y aquí hago una pausa, de verdad ¿me siento mal por no parecerme a una mujer de 20 años, 1.80 metros y 50 kilos?

No, claro que no me siento mal por eso,  pero siendo una mujer de 40 años. que apenas pasa del metro y medio de altura y con sobrepeso, me siento menos atractiva en comparación con esas esculturas vivientes,  y es ahí donde creo que radica el problema.

Para la sociedad en la que vivo; tener sobrepeso, lonjitas, celulitis, no tener el cutis impecable ni las piernas delgadas; en pocas palabras, no verte "cogible" es un grave defecto.

¿Pero quién hace que todo esto sea válido? Esa es la pregunta y creo que todos contribuimos en alguna medida a hacer legítima esta afirmación. 

Estoy casi segura que estas mujeres "perfectas" no saben que son parte de un sistema que procura minimizar al "ser humano", no están conscientes  de que sólo por ser hermosas, no comer más de 1000 calorías a la semana y presentarse en ropa interior, contribuyen a perpetuar una imagen "irreal" y utilitaria de la mujer.Alguna de estas exponentes de la belleza dijo alguna vez, "mi trabajo no es pensar, es verme hermosa" Cierto. Ellas hacen lo que les hace felices, (o eso creo) esa es su decisión y su forma de vida, no es mi labor censurar o denigrar a este tipo de mujeres, ni tampoco descalificarlas por sus intereses, nivel cultural o intelectual.

El problema es que en esta sociedad importa demasiado nuestra apariencia física, y todos en alguna medida caemos en esa "demasía". Es decir, si arreglarme, maquillarme y peinarme todos los días me hace sentir bien, a mi y lo hago por mi; todo recae en mi bienestar, por que, como dice mi terapeuta, mi necesidad va acorde con lo que dicta la sociedad.

El problema se presenta cuando la sociedad impone (mediante anuncios, tallas, programas, películas, etc) cómo "debe" verse y comportarse una mujer que "merezca" ser amada o deseada, (no necesariamente ambas) y cada una de nosotras admitimos qué esa es la forma en la que debemos vernos o comportarnos, a pesar de nuestra necesidad; es en ese momento en que empezamos a caer inconscientemente en un perverso sistema que nos violenta y nos pone en un lugar inferior como seres humanos.

Cuando la "sociedad" pasa sobre mi necesidad es cuando mi humanidad tiene que poner un alto. Desafortunadamente, el mensaje es muy poderoso y constante, las recompensas a la belleza física son muchas en todos los niveles, desde muy temprano se nos enseña que: "como te ven te tratan" y romper, o tratar de romper con ese mensaje se vuelve un esfuerzo de años, inclusive de toda una vida; el objetivo no siempre se consigue y hay quienes literalmente mueren en el intento por encajar en un modelo impuesto.

Importa demasiado, porque todos somos cómplices de que así sea. En mi caso y en muchos que conozco es trascendental cuánto pesamos o qué talla somos, no es un número, es lo que define en no pocas maneras, nuestra forma de interactuar con la sociedad y con nosotras mismas; yo he puesto en riesgo mi bienestar por tratar de ser flaca, le he dado un valor excesivo a ser delgada, pero esa necesidad  no surgió de mi, sino de un deseo por sentirme amada y aceptada por otros,  y no soy un caso aislado.

La mayoría de las mujeres de mi generación tenemos problemas de auto imagen, porque se nos ha impuesto la necesidad de parecer algo que nunca conseguiremos: ser mujeres de 1.80 metros y 50 kilos.

Si, por supuesto que las chicas que salen en los desfiles de Victoria's Secret son hermosas, y ellas no son culpables de que el resto de las mujeres nos sintamos incómodas con nuestra imagen, (me gustaría preguntarles ¿qué tan cómodas se sienten con ellas mismas?) no es su responsabilidad, sino la nuestra, recatar nuestra humanidad.

Sé que tratar de cambiar mi percepción ante mi misma es trabajo diario; y tener la fuerza de admitir que soy bella, sin tratar de cumplir estereotipos ajenos e inalcanzables es un esfuerzo que implica re valorar mi parte humana, lejos de lo que "otros" (entiéndase por ello la sociedad, otras mujeres, y  hombres) piensen de mi aspecto físico.

La admiración de la belleza es algo intrínseco del ser humano, pero es nuestra labor buscar la belleza en todo, y no sólo en las modelos "perfectas" de una marca de calzones. Empiezo por admitir que no importando lo que hoy pese o qué talla sea, sigo siendo hermosa porque soy yo. 





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