Recientemente terminé de leer "Siete pecados capitales" de Milorad Pavić. Hace mucho que un libro no me provocaba ese sentimiento, para el que no encuentro palabras.
Me pasa con pocos autores, Miller, Anaïs, Cortázar, y ahora Pavić. pero ¿qué es lo que siento? Es algo orgánico, eso es parte de lo que me impresiona, es una sensación en el centro del pecho, un tanto similar a cuando te enamoras y estás con la persona a la que amas, pero es menos intenso, algo más pacifico. Lo que permanece, sin embargo es el sentimiento de comprensión, qué no hacen falta las palabras, lo único que necesitas es estar y con eso basta.
La comunicación en este caso va sin intermediarios, el escritor rompe el límite de la letra, de la página y del idioma para verte a los ojos y dirigirse directamente a ti lector.
Un espejo es el común denominador de estos siete relatos de los que formas parte porque te vuelves sueño, interlocutor, personaje y el autor comparte tu trayecto y tu suerte.
Quienes no estén dispuestos a jugar y seguir ese laberinto de fantasía que logra construir Pavić, favor de abstenerse, no le sirven ni al autor, ni a los lectores más aventureros.
Me abro a nuevas letras y nuevas formas, a imaginaciones construidas en calles cuyos nombres me resultan difíciles de pronunciar pero son exquisitas para imaginar, así es la arquitectura y el diseño de esta obra que se nos regala como un juego o inclusive, ¿por qué no? como una carta de amor.
Es, sin duda alguna, un deleite.
martes, 20 de enero de 2015
lunes, 12 de enero de 2015
Boyhood
Me gustan las películas de Richard Linklater. Ya sé que muchos expertos y eruditos del cine, incluidos algunos maestros y mi sesnsei; se extrañarían y me mirarían condescendientes pensando que tal vez mi intelecto es muy limitado y por eso me cautivan cintas que para su gusto son demasiado comerciales (lo que sea que eso signifique) o que Linklater no cuenta con un cuerpo de obra digno de llamarlo "autor".
Por una parte, les concedo el hecho de que cualquiera puede perder credibilidad después de hacer una película como "School of rock" (Aunque, seamos honestos, nos habría hecho muy felices tener un maestro de música como Jack Black).
No seamos lapidarios, hay ejemplos peores, a Woody Allen nadie le recuerda "To Rome with Love" y eso, por no dejar fuera a la horrenda Vicky Cristina; pero después de eso vino la redención de "Blue Jasmine". Es decir, nadie infalible. (Sobra mencionar que no incluyo deidades en la comparación, por eso recurrí a Allen)
Confieso que no conozco la filmografía completa de Linklater, pero soy una de las miles, o millones de personas que se enamoraron de la trilogía sobre Celine y Jesse; también disfruté el uso poco convencional de la animación de "Waking Life", y su historia totalmente onírica, que solo pudo hacerse de ese modo; me gustó "A Scanner Darkly"; de estupendo elenco y más original que muchas super producciones de millones de dolares. "Me and Orson Welles" fue bastante desafortunada, pero como ya dije, nadie es perfecto,
Ahora bien, yendo a lo que me ocupa en esta entrada; alguien me preguntó recientemente porque me había gustado Boyhood. Admito que me tomo unos segundos articular una respuesta coherente para explicar el sentimiento que me provocó el filme, Usualmente la gente dice que "no entendió" la película, yo creo que el cine, como el arte que es (o debería ser) no se entiende, se siente.
Para explicarme mejor; si al salir de una película no tengo palabras para expresar el sentimiento que despertó, el objetivo se ha cumplido. En ese momento ya no importa la intención del director, lo verdaderamente trascendente es lo que experimento como espectador, es en ese instante en el que sé que estoy ante algo sobre lo que vale la pena reflexionar, analizar y a veces escribir.
¿Qué contesté sobre Boyhood? Lo que sentí, nada más, es una película sobre la vida, sobre crecer, sobre ser padres y ser hijos, sobre ver el mundo, lo cotidiano, los cambios y las tragedias, sin mayor aspaviento, sin dramatismo, como es la vida.
De cómo envejecemos y cómo cambia nuestra forma de ver el mundo, de música y sueños inconclusos, de recuerdos, de cómo nos podemos convertir en lo que no queríamos cuando éramos más jóvenes.
Todo esto lo logra retratar Linklater sin ningún efecto especial, maquillaje, disertación filosófica o imágenes creadas por computadora, sólo con la ayuda del paso de los años, el trabajo de un elenco muy competente y un guión íntegro, que no busca complacer, salvo, tal vez, por un detalle de superación personal e inclusión que no voy a mencionar, para no dignificarlo.
No hay un sólo letrero que nos señale el paso del tiempo, sólo basta ver las caras de Mason y Samantha, o cómo se va perdiendo el encanto de Ethan Hawke, y cómo cambia el cuerpo de Patricia Arquette. Eso es lo que nos hace el tiempo y eso es la vida; cambiamos, engordamos, nos arrugamos y lo único que subsiste y que amalgama nuestra existencia es el amor,
Pero ese amor no se da en la estridencia, curislería, o dramatismo al que Hollywood nos quiere reducir. La vida es mucho más compleja y menos glamorosa, y ese es el mayor acierto en Boyhood; que todo lo que acontece a Mason es eso, nada más, el proceso de crecer y la vida misma.
Por una parte, les concedo el hecho de que cualquiera puede perder credibilidad después de hacer una película como "School of rock" (Aunque, seamos honestos, nos habría hecho muy felices tener un maestro de música como Jack Black).
No seamos lapidarios, hay ejemplos peores, a Woody Allen nadie le recuerda "To Rome with Love" y eso, por no dejar fuera a la horrenda Vicky Cristina; pero después de eso vino la redención de "Blue Jasmine". Es decir, nadie infalible. (Sobra mencionar que no incluyo deidades en la comparación, por eso recurrí a Allen)
Confieso que no conozco la filmografía completa de Linklater, pero soy una de las miles, o millones de personas que se enamoraron de la trilogía sobre Celine y Jesse; también disfruté el uso poco convencional de la animación de "Waking Life", y su historia totalmente onírica, que solo pudo hacerse de ese modo; me gustó "A Scanner Darkly"; de estupendo elenco y más original que muchas super producciones de millones de dolares. "Me and Orson Welles" fue bastante desafortunada, pero como ya dije, nadie es perfecto,
Ahora bien, yendo a lo que me ocupa en esta entrada; alguien me preguntó recientemente porque me había gustado Boyhood. Admito que me tomo unos segundos articular una respuesta coherente para explicar el sentimiento que me provocó el filme, Usualmente la gente dice que "no entendió" la película, yo creo que el cine, como el arte que es (o debería ser) no se entiende, se siente.
Para explicarme mejor; si al salir de una película no tengo palabras para expresar el sentimiento que despertó, el objetivo se ha cumplido. En ese momento ya no importa la intención del director, lo verdaderamente trascendente es lo que experimento como espectador, es en ese instante en el que sé que estoy ante algo sobre lo que vale la pena reflexionar, analizar y a veces escribir.
¿Qué contesté sobre Boyhood? Lo que sentí, nada más, es una película sobre la vida, sobre crecer, sobre ser padres y ser hijos, sobre ver el mundo, lo cotidiano, los cambios y las tragedias, sin mayor aspaviento, sin dramatismo, como es la vida.
De cómo envejecemos y cómo cambia nuestra forma de ver el mundo, de música y sueños inconclusos, de recuerdos, de cómo nos podemos convertir en lo que no queríamos cuando éramos más jóvenes.
Todo esto lo logra retratar Linklater sin ningún efecto especial, maquillaje, disertación filosófica o imágenes creadas por computadora, sólo con la ayuda del paso de los años, el trabajo de un elenco muy competente y un guión íntegro, que no busca complacer, salvo, tal vez, por un detalle de superación personal e inclusión que no voy a mencionar, para no dignificarlo.
No hay un sólo letrero que nos señale el paso del tiempo, sólo basta ver las caras de Mason y Samantha, o cómo se va perdiendo el encanto de Ethan Hawke, y cómo cambia el cuerpo de Patricia Arquette. Eso es lo que nos hace el tiempo y eso es la vida; cambiamos, engordamos, nos arrugamos y lo único que subsiste y que amalgama nuestra existencia es el amor,
Pero ese amor no se da en la estridencia, curislería, o dramatismo al que Hollywood nos quiere reducir. La vida es mucho más compleja y menos glamorosa, y ese es el mayor acierto en Boyhood; que todo lo que acontece a Mason es eso, nada más, el proceso de crecer y la vida misma.
lunes, 5 de enero de 2015
Personas mágicas
Después de una prolongada ausencia rodeada de una inaudita cantidad de amor y amores, decido retomar la actividad bloggera (asumo que la palabra existe en el diccionario de la RAE) con más ahínco que el año anterior.
En esto de los propósitos, metas, y resoluciones de año nuevo, me caracteriza la inconsecuencia e indisciplina, pero sólo llevamos cuatro días de este año; lo cual significa que aún está presente el entusiasmo y por lo tanto aquí va mi primera entrada del 2015.
Personas mágicas. Suena cursi, lo admito, aunque a nadie se le ocurrió catalogar a Cortázar de cursi por así referirse a la Maga. Es evidente que no pretendo ni sueño hacer comparaciones; mi mención de la Maga, es sólo para hacer hincapié en el hecho de que soy incapaz de encontrar un calificativo más preciso o adecuado para referirme a esos individuos que por razones ajenas a mi conocimiento y comprensión tienen la facultad de tocarme el alma.
Magia es, según el diccionario; el "arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales. O, el encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo."
Una vez citado el significado, creo que se aprecia con más precisión la cualidad que adjudico a algunos seres con quién he tenido la fortuna de coincidir.
Ahora bien, la circunstancia o característica a que me refiero, no hace distinción de género o edad; situación que me asombra aún más, porque si bien puede resultar natural que me conmueva el espíritu personas cercanas a mi edad, entorno social o cultural; la realidad es que, el hecho de encontrar a estas alamas afines, es usualmente inesperado y no necesariamente cumple con las reglas de la lógica.
Dentro de estas personas mágicas puedo contar desde bebés, niñas de 11 años, ( por lo menos esa edad tenía cuando la conocí) hasta hombres de 65; la única constante de estos seres es la diversidad de entornos, de educaciones y de contextos en los que se suscitaron nuestros encuentros.
La importancia que cobra cada uno de ellos es distinta de acuerdo a la profundidad de la relación; y no necesariamente a la duración de la misma.
Algunos, de ser maestros, han pasado a ser amigos, sin que por eso cambie su esencia de educadores, pero a un nivel más íntimo. Otros han pasado de ser pequeños individuos de la especie humana, que aún no conocían las palabras, a compañeros de travesuras y risas, posteriormente a alumnos entusiastas de cualquier cosa que yo pudiera aportar a sus conocimientos, y finalmente a maestros de vida. Y otros más, han cruzado los límites, han trascendido a amantes, amigos y luego se han convertido en hermosos recuerdos de un pasado que, si bien es cautivador, poético, casi cinematográfico; cada vez me parece más lejano y ajeno de quién soy hoy.
A todas esas personas mágicas con quienes me he topado y me han acompañado en trayectos, a veces muy breves de mi vida, sólo puedo agradecerles su existencia y pedirles que conserven y compartan esa magia que los hizo trascender en mi.
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