No sé si exista un lugar recóndito en el cerebro o alguna neurona que haga sinapsis en un momento previo a que algo, usualmente malo, suceda.
Hay días en los cuales una parte extraña de mi mente asume, presiente o decide que algo malo me va a ocurrir. No soy una persona particularmente perceptiva, por ello mi sorpresa ante estos esporádicos momentos de iluminación, que casi siempre conllevan un resultado adverso.
El hecho de ser una pésima conductora se añade a mis premoniciones catastróficas. El más reciente de mis accidentes sucedió el martes pasado.
Previo al choque, había tenido un día estupendo. Me levanté antes del amanecer, fui a hacer ejercicio, llegué temprano a la oficina. Al salir, fui al cine con un amigo y antes de que llegara entablé una amena conversación con el barista, mientras degustaba un café estupendo.
Mi amigo y yo cenamos, vimos una película (regular, sin ser mala; competente podría ser el adjetivo adecuado) y al salir complacidos, más por el portento físico de la protagonista, que por la película en sí; percibí ese sentimiento que me había estado persiguiendo insistentemente los últimos días.
Trataré de describir la sensación física que me produce: es como sentir ausencia de algo en el estómago, pero no es hambre, llega de pronto, es latente, permanece, yace quieta, como si quisiera pasar inadvertida, oculta. Luego, en el momento que mi cerebro la detecta, llegan los pensamientos (No he ido a renovar la licencia, ¿y si choco?, No, acabo de chocar, bueno traigo mi coche, no he sacado la verificación, etc.) Así siguen, como fichas de dominó, una preocupación sucede a la otra, las trato de acallar y distraer, usualmente sin éxito.
La sensación no me deja. La semana pasada pensé que perdería el teléfono y así sucedió, lo que me hace pensar, no sin angustia, que en algún lugar de mi mente estoy decidiendo que me siento muy bien y algo malo tiene que suceder; porque no suelo estar tan bien durante mucho tiempo. Como si alguna neurona o el hipotálamo, decidiera que no "puedo o debo" estar tranquila, o contenta, o simplemente en paz.
El sentimiento no se ha ido. Aquí está, agazapado, respira en algún recoveco.
Eso es lo que me lleva a preguntarme ¿existen los presentimientos? ¿o mi mente está trabajando sin permiso de mi voluntad? ¿o mis deseos son contrarios a mi bienestar? ¿o actúo para dañarme a mi misma? Probablemente es sólo que mi subconsciente se hace presente para sabotearme.
Escribir me ayuda a entenderme, espero que la sensación cese pronto, creo que estoy buscando la puerta de la angustia para ver si consigo dominarla.
Pude percibir todo mi miedo al detener súbitamente el auto frente a una camioneta: mi pulso acelerado, el frío, el corazón a punto de salirse del pecho, la respiración entrecortada y como siempre, ni una sola lágrima.