viernes, 20 de febrero de 2015

¿Hay presentimientos?


No sé si exista un lugar recóndito en el cerebro o alguna neurona que haga sinapsis en un momento previo a que algo, usualmente malo, suceda.

Hay días en los cuales una parte extraña de mi mente asume, presiente o decide que algo malo me va a ocurrir. No soy una persona particularmente perceptiva, por ello mi sorpresa ante estos esporádicos momentos de iluminación, que casi siempre conllevan un resultado adverso.

El hecho de ser una pésima conductora se añade a mis premoniciones catastróficas. El más reciente de mis accidentes sucedió el martes pasado.

Previo al choque, había tenido un día estupendo. Me levanté antes del amanecer, fui a hacer ejercicio, llegué temprano a la oficina. Al salir, fui al cine con un amigo y antes de que llegara entablé una amena conversación con el barista, mientras degustaba un café estupendo.

Mi amigo y yo cenamos, vimos una película (regular, sin ser mala; competente podría ser el adjetivo adecuado) y al salir complacidos, más por el portento físico de la protagonista, que por la película en sí; percibí ese sentimiento que me había estado persiguiendo insistentemente los últimos días. 

Trataré de describir la sensación física que me produce: es como sentir ausencia de algo en el estómago, pero no es hambre, llega de pronto,  es latente, permanece, yace quieta, como si quisiera pasar inadvertida, oculta. Luego, en el momento que mi cerebro la detecta, llegan los pensamientos (No he ido a renovar la licencia, ¿y si choco?, No, acabo de chocar, bueno traigo mi coche, no he sacado la verificación, etc.) Así siguen, como fichas de dominó, una preocupación sucede a la otra, las trato de acallar y distraer, usualmente sin éxito.

La sensación no me deja. La semana pasada pensé que perdería el teléfono y así sucedió, lo que me hace pensar, no sin angustia, que en algún lugar de mi mente estoy decidiendo que me siento muy bien y algo malo tiene que suceder; porque no suelo estar tan bien durante mucho tiempo. Como si alguna neurona o el hipotálamo, decidiera que no "puedo o debo" estar tranquila, o contenta, o simplemente en paz.

El sentimiento no se ha ido.  Aquí está, agazapado, respira en algún recoveco.

Eso es lo que me lleva a preguntarme ¿existen los presentimientos? ¿o mi mente está trabajando sin permiso de mi voluntad? ¿o mis deseos son contrarios a mi bienestar? ¿o actúo para dañarme a mi misma? Probablemente es sólo que mi subconsciente se hace presente para sabotearme. 


Escribir me ayuda a entenderme, espero que la sensación cese pronto, creo que estoy buscando la puerta de la angustia para ver si consigo dominarla.

Pude percibir todo mi miedo al detener súbitamente el auto frente a una camioneta: mi pulso acelerado, el frío, el corazón a punto de salirse del pecho, la respiración entrecortada y como siempre, ni una sola lágrima.


miércoles, 11 de febrero de 2015

Más Sontags menos Kardashians




Hace unos días me reencontré con una gran escritora. 

Si bien, no creo que la única novela que he leído escrita por Susan Sontag me haya tocado profundamente, si admito que la complejidad y profundidad de su pensamiento, su precisión, su enorme conocimiento, su pasión y rigor literario como ensayista me cautivan y me asombran cada vez que estoy frente a sus textos.

Ahora bien, mi percepción sobre Sontag era la de la mujer (anciana) que escribió el más inteligente ensayo sobre el 11 de Septiembre, mismo que fue publicado en The New Yorker el 24 de septiembre de 2001 y cuyo enlace adjunto para que comprueben mi aseveración. (http://www.newyorker.com/magazine/2001/09/24/1256341)

Posteriormente y al enterarme de su muerte adquirí varios libros escritos por ella, pero sólo leí su última novela "In America" que como señalé, sin ser mala, no me cautivó particularmente y me alejé de su obra. 

Recientemente y por casualidad pude ver un documental "Regarding Susan Sontag" de Nancy D. Kates; en el cual, familiares, amigos y parejas nos obsequian un retrato de quién fue la mujer llamada Susan Sontag.

Me sorprendieron varias cosas, en primer lugar, saber que fue una celebridad, una figura mediática de enorme trascendencia en la cultura estadounidense, trabó amistades con las personalidades más famosas  y poderosas de su tiempo. 

Era, a pesar de ella misma, referente femenino de la Norteamérica culta o por lo menos educada. Fue no sólo escritora, sino cineasta (creo que sin mucha fortuna) y una entusiasta del arte en general y de la fotografía en particular; pero su principal amor estaba en las letras.

Solía decir, si mal no recuerdo, que ella tenía la percepción o la idea de que un escritor era una persona que se apasionaba por todo, la política, el arte, el cine, la fotografía, etc. En este sentido condujo su obra y por medio de la escritura contribuyó a construir el pensamiento de la generación de nuestros padres o abuelos, quienes probablemente ignoraban su existencia.

No me causó mayor asombro saber que era no sé si lesbiana o bisexual o lo qué sea, pero si (no sé porqué) darme cuenta que fue ante todo una mujer gozosa, que buscaba con enorme tenacidad el placer, uno de esos placeres, por fortuna, era escribir.

Alejada de la modestia e implacable en su crítica a su país, era considerada como una voz disonante e incomoda para el americano promedio; sobre la guerra de Vietnam llegó a afirmar que "La raza blanca es el cáncer de la historia humana; es sólo la raza blanca (sus ideologías y sus invenciones) la que erradica a las civilizaciones autónomas allá donde se extiende, la que estropea el equilibrio ecológico del planeta y la que ahora amenaza a la propia existencia de la vida.” 

Afirmaciones de esa índole sólo podían ser expresadas por un espíritu valiente, arrojado, a quién poco le importa lo que la "sociedad" tuviera qué decir sobre su persona o su pensamiento. Su enorme gozo por la vida se vio amenazado y trastocado por la enfermedad, pero su alma indómita no cedió; salió victoriosa dos veces y a la tercera embestida del cáncer, sucumbió.

Creo que en esta cultura, ultra conectada, tecnológica, pero no humanamente se hace más necesario regresar a la palabra, a la esencia de lo que nos hace humanos, volvernos más críticos, recurrir a la razón, preocuparnos más por cómo pensamos que por como nos vemos, como lo afirmaba Sontag. 

Ojalá que el gozo por la vida, las ideas, la elocuencia, el conocimiento y la pasión de Susan Sontag por las letras y por las artes fueran tan socorridos como la necesidad de comentar el último desnudo de Kim Kardashian; pero sé que mis deseos se quedarán sólo en eso, porque lamentablemente nuestra sociedad se ha vuelto más superflua, vana y frívola.

Entre tanto, buscaré y devoraré su obra a ver si algo de esa profundidad y honestidad se queda en esta reciente conversa de la generación X que busca aportar algo, por mínimo que sea a este inculto e ignorante universo del que busco alejarme. 









miércoles, 4 de febrero de 2015

Whiplash




Siempre me gustaron las películas musicales; hubo un tiempo en que solía ser sumamente indulgente al respecto, mientras bailaran y cantaran medianamente bien, me parecían buenas películas. 

Eventualmente mi criterio fue construyéndose de modo tal, que en la actualidad no puedo tolerar malos musicales, algunos inclusive me producen un enorme enojo que a veces quisiera expresar de forma física, como me sucedió con "Nine" (insufrible, nunca terminé de verla).

Ahora bien, cuando la película se hace con rigor, con un discurso dramático y una puesta en cámara tan precisa como en "Whiplash", la sensación que me produce es de una enorme emoción que me resulta muy difícil expresar con palabras. 

Las primeras escenas son muy claras; Andrew y su batería, esa será la constante. La música y el ritmo son lo único trascendente para él y para su tirano profesor/director/mentor Fletcher. 

Es fácil ser empático con Andrew, es un buen chico, abandonado por su madre y cariñoso con su padre; determinado sin duda y dulce, por lo menos en un principio.

Esa determinación y la pasión de Andrew, son el motor, vehículo y camino para conseguir lo que para él es el más grande anhelo, ser una leyenda de la batería en la música jazz. 

¿Alguien sabe algo de jazz? Yo sólo las pocas reminiscencias que existen en la música de Sting, y por supuesto conozco a Branford Marsellis; esto me hace suponer que el público que ha visto Whiplash es igual de neófito o ignorante que yo en el tema, por lo que no se siente ofendido por el poco conocimiento de Damien Chazelle en tan elevado género. (como leí en alguna crítica de un purista del jazz.)

La música es, en efecto, casi otro personaje, pero lo importante es la relación entre Andrew y Fletcher, ese maestro que jamás se sentirá satisfecho, porque las palabras más dañinas del idioma inglés son "good job". 

Nada de lo que haga Andrew será ni siquiera aceptable, es un privilegio sólo poder tocar en la orquesta del omnipotente Fletcher; y por eso son la pareja perfecta. Andrew sabe que sólo alguien como Fletcher podrá ayudarlo a ser el gran baterista que está destinado a ser; porque para Andrew no hay plan B. 

Así, queda claro que nada es más significativo que la aprobación de su maestro, no lo es la de su padre, mucho menos la de Nicole, la insignificante e insulsa novia, que no es más que una distracción para que él consiga un objetivo mucho mayor: convertirse en un gran músico, aunque esto sólo sea reconocido por un reducidísimo universo de amantes del jazz. 

Andrew es ambicioso, ansía el reconocimiento y a medida que avanza la relación con Fletcher, éste se va asemejando más a su violento profesor. Iracundo, soberbio, cruel inclusive. En esta nueva faceta Andrew desarrolla  emociones más complejas que utilizará para conseguir sus objetivos. 

Chazelle logra que todo funcione a favor de la película, el montaje está marcado por la melodía, y el ritmo de la obra es como el de una canción,

El final, por supuesto, es la cúspide de lo que fue la historia y sin saber qué pasará después, el espectador se queda con lo único que importa, lo que ha importado siempre: la música y lo que la melodía y el ritmo le hacen sentir, así de efímera y así de poderosa.

Si aman la música y no son puristas del jazz, Whiplash los hará sentir, de eso se trata.