miércoles, 27 de mayo de 2015

Siempre, Henry Miller







No he escrito nada sobre uno de mis autores favoritos. La verdad es que me siento incapaz de hablar de su enorme,  de su cósmica manera de escribir; pero por otro lado, creo que es importante tratar de plasmar el gran peso que sus libros han tenido en mi vida. Sé  que fui una persona antes y otra muy distinta después de leer sus cartas con Anaïs Nin, Trópico de Capricornio y luego Cáncer; esas obras contribuyeron  a transformarme en quien soy. Así de importante es Henry Miller en mi vida.

Si, empecé por  otro lado mi romance con Miller, pero creo que, como ya lo he dicho, hay libros que te encuentran cuando deben encontrarte; así me pasó con el cautivador binomio Nin- Miller.

¿Qué ocurre cunado lees a Henry Miller? En mi caso, fue algo físico, esa sensación de cuando estás tan enamorada que crees que el cuerpo no te contiene, sentir que vas a estallar, y no hablo de partes, sino del todo.

En cuanto descubrí el poder que imprime a las palabras, no pude regresar, creo que me  hizo mucho más exigente como lectora, y mucho más viva como persona. Tengo mucho que agradecer a Henry Miller, era, según lo que escribe, el ejemplo perfecto de lo que significa VIVIR y amar intensamente, gozosamente, sin ataduras ni morales, ni materiales.

Plenitud y pasión  parecen ser sus legados, conservó amigos y amantes a lo largo de su vida, pero no se dejó limitar por las obligaciones de matrimonios, paternidad o patrias, era fiel a una sola persona, a sí mismo.

Generoso con otros autores. Hizo mucho por quienes pensó que necesitaban ser conocidos por sus magníficos trabajos, su gusto era impecable. Sólo él supo defender la obra de escritores que de otro modo no habrían conseguido ser publicados. Inclusive legó a sus seguidores un libro sobre la importancia que algunos libros tuvieron en su vida; no conocería a D.H Lawrence,  a Rimbaud o a Hermann Hesse, si no fuera por él.

No se limitó a la creación literaria, exploró la pintura y permitió que sus lectores diéramos un vistazo a su vida personal, íntima; autorizó la publicación de una gran cantidad de cartas que intercambió a lo largo de su vida con amigos, amantes  y editores; en esa correspondencia también se vislumbran no sólo su genio y sino la esencia de su persona.

Cumplidos más de 80 años, casi ciego y con los achaques de las enfermedades propias de su edad, aún sostuvo un apasionado romance con una mujer de poco más de 20 años que dio lugar a un intercambio epistolar que se convirtió en su última obra.

Puedo decir sin temor a equivocarme que Henry Miller me cambió la vida, esa es la magia de la literatura, sus alcances son perpetuos,  cada vez que leo una carta o un libro suyo vuelvo a experimentar el enorme gozo, la excitación y el poder de sus palabras.

viernes, 8 de mayo de 2015

A tiempo













Hay libros que te encuentran en el momento preciso, no es común, son de esas raras ocasiones en las que sin tener expectativas, las historias se encuentran contigo en el instante perfecto para volverse inolvidables.

He tenido la fortuna de toparme con varios de esos momentos a lo largo de mi limitada historia de lectora, Mr Gwyn es uno de esos casos.

A Baricco lo descubrí hace un par de años, con "Seda". Me pareció una obra encantadora, una descripción bella, tenue, dulce y dolorosa del amor o algo que se le aproxima mucho.

No tenía ninguna idea preconcebida sobre Mr.Gwyn, lo tomé en la librería, leí el dorso y decidí que eso era lo siguiente en mi lista, la cual, cabe mencionar, ha avanzado en forma muy regular durante el presente año, en notable detrimento de mi escritura, lo que constituye un beneficio evidente.

La extraña personalidad de Jasper Gwyn me atrapó de inmediato, un escritor de éxito que ha decidido publicar una lista de las cosas que dejará de hacer, una de ellas, escribir.

Pero la obra va mucho más allá, no es sólo una historia de transformación, eso sería pueril,  inclusive vano. Lo que verdaderamente me cautivó fue la necesidad de éste hombre por tratar de mirar a las personas.

El Sr. Gwyn quiere ser retratista, pero no uno cualquiera, la traducción es más precisa y por lo tanto la palabra es más adecuada, su nuevo oficio será copista. ¿Cómo copias a un ser humano?  Un escritor, lo hace con palabras.

Nunca leemos los retratos que hizo con total dedicación y exactitud Jasper Gwyn, que para realizar su obra pone requisitos tan extraordinarios como indispensables, uno de ellos, la desnudez de sus modelos.

Saber mirar, más allá de lo que nuestro cuerpo dice de nosotros, o quizá. precisamente lo que él dice de nuestro ser, es la condición fundamental del retrato, Para el copista es como "regresar a casa". Esa casa-cuerpo que es lo que me contiene, donde habito, lo que me conduce y me vive.

¿Cuántas veces me veo desnuda? fue una de las muchas preguntas que surgieron, ¿me miro? ¿me conozco? ¿me siento? y de ahí viene otra cuestión, ¿podría hacer mi retrato?

Retornar a mi casa-cuerpo se me hizo necesario y sólo ahora que han pasado algunos días desde que terminé la lectura, me doy cuenta de que tal vez, lo que consiguió el copista, fue crear esta necesidad.

Por supuesto, subyace una historia de amor, de esas irrealizables y tristes que tanto me gustan, además de que la obra está llena de detalles seductores y atrayentes sobre las pequeñas cosas que nos rodean y a las que difícilmente prestamos atención, como la luz o el ruido, todo ello crea el ambiente propicio en el estudio del copista.

Alessandro Baricco hace guiños, sutiles, pero puntuales durante toda la trama, y nos deja un regalo justo al final.

Guardaré Mr. Gwyn en el precioso lugar de un libro que me encontró justo a tiempo,  procuraré estar más presente y más atenta a mi casa-cuerpo. Y ¿quién sabe?, a lo mejor algún día, podré intentar mi autorretrato.